jueves, 3 de enero de 2019

Balances

3 de Enero. Siempre hay propósitos de año nuevo cuando llega el 3 de Enero. El 1 y el 2 casi son resacosos y, no nos engañemos, no cuentan como principio de nada sino como final de algo; pero el 3 empiezas a caer en la realidad de que el año anterior ha pasado y que tienes que acordarte de poner un número más en la fecha (sí, yo también estoy equivocándome al menos hasta marzo).
Claro, llega el deber momento de hacer el balance anual, por aquello de que a los humanos nos encanta cerrar y abrir etapas.
El mío ha sido positivo. Supongo que el hecho de haberme encontrado a mí misma en más de una ocasión ha sido clave para sentirme bien con mi 2018, pero tampoco voy a mentir y decir que nunca me he sentido perdida. Me he encontrado de nuevo entre agujas y curas, entre sueros y sondas. Me he encontrado de nuevo saboreando la soledad y disfrutando la compañía, y he visto más cerca la posibilidad de tres objetivos para el 2019, cuyo cumplimiento creía abocado al ostracismo más absoluto.

El año pasado deja en mi personalidad huellas importantes fruto de disgustos. He aprendido que sí que hay lobos con piel de cordero y lobos que realmente parecen más cabronazos con cuernos retorcidos, que ya lo decía mi hermano: una cabra es el bicho más malo que hay.
También deja en mi haber unas cuantas de amistades nuevas y otras renovadas, una familia (de sangre y no) creciente, y la claridad de ideas propia de la madurez en la que me hallo.
Qué diferente soy de aquella adulta que se vino a Sevilla hace unos años. ¿Mejor? No lo se. Pero creo que sí más feliz, y hay que tener en cuenta que en el momento en el que escribo esto estoy con la regla (Mini-punto para Carmen)

Y ya. Eso es todo lo que tengo que decir.



viernes, 21 de diciembre de 2018

Gordo

Estoy tumbada en el sofá, arropada en una manta y con una copa de vino que alcanzo con solo estirar el brazo. Te iba a decir que soy mujer de tradiciones pero qué se yo... solo sentía que debía brindar por ti y por los tuyos. Para ellos ha sido un día largo y duro.
La tele está puesta, pero en mute: no me apetece pensarte con ruido. En mi mente, muchas idas y venidas a tantos y tantos días en tu casa. A tantas tardes en la hermandad, a tantas idas al corte inglés con corticoles.
Me recuerdo de niña sentada en tu salón y verte aparecer por la puerta. Cuando me veías siemre te quedabas quieto, en una especies de teatrillo improvisado te parabas de sopetón, hacías una mueca y sacudías la cabeza un poco haciéndote el sorprendido, como si fuera la primera vez que comía en tu mesa compartiendo plato con tus hijos. Sonreías y me preguntabas con sorna un “¿qué haces aquí?”. No se lo que te respondía. Seguramente iría cambiando de respuesta o sería siempre la misma. No me acuerdo. Fueron cientos de veces que se repitió lo mismo, pero seguías haciéndolo, siempre, cada vez que llegabas. Me encantaba. Recuerdo cuando caí en el instituto con Elena. No se quien de los tres estaba más contento.

Hoy te hemos despedido, y era más pronto de lo que nos hubiéramos imaginado hace unos meses. Para ti lo primero era la familia, y yo siempre me sentí parte de ella; querida, apreciada. Siempre me demostraste que te alegrabas de verme. Espero haberte hecho sentir lo mismo, porque firmé hace muchos años la letra pequeña de aquellos días en tu casa, un contrato de cariño vitalicio. Me gustaría que te hubieras ido sintiendo que realmente te quiero y que siento tu marcha. Por ti. Por los tuyos, por la injusticia de la guadaña cayendo antes de tiempo.
Ya duermes, ya estás y están en calma. Lo han hecho bien, han sido fuertes. Son fuertes. Ya pasó y se hizo la paz. Ahora les toca andar y recordarte. Cicerón, era un tío listo: Toca mantenerte vivo en el recuerdo.

Vuela. Vuela.

martes, 11 de diciembre de 2018

Ganar

Las gallinas picoteaban granos en el suelo, y yo picoteaba de mi tarro unas nueces de macadamia.
El día, claro como otros tantos, me había ahuyentado de un plumazo las ganas de estudiar unos apuntes nada apetecibles.
El imponente sol se alzaba más allá de mi vista, y bailaba con las horas para esconderse tras el llano del viejo cazurro, trayendo la noche a las miradas.
Había perdido otra jornada de estudio, pero indudablemente había ganado un poquito más de vida.

viernes, 30 de noviembre de 2018

¡Qué bien!

Qué bien cuando estás bien. Qué energía, qué alegría, qué sentir y qué vivir. Y tus ojos siempre expresivos, lo que expresan. Amor del bueno, del puro. Qué bien cuando estás bien... Cuando te levantas bien, desayunas bien y te duermes una siestecita de media mañana en el relax del sofá, cuando almuerzas un buen plato y alimentas además el alma con la conversación. Y qué sonrisa, y qué belleza en el rostro, y qué bien.
Qué bien cuando estás bien. Cuando no te hace falta café para estar despierta, cuando no te hace falta nada para estar bien, solo estar, solo ser. Qué bien. Joder, qué bien. 

lunes, 29 de octubre de 2018

Habla del miedo.

Lo que acontece en la mente cuando existe una mala noticia solo lo sabe el que la recibe, por mucho que la ciencia se dedique a investigar la actividad cerebral. Las noticias negativas en cuestión de Salud tienen además una connotación importante de pérdida, con su correspondiente miedo, con su duelo y, en él, el enfado y el mandar a la mierda a la fuerza, sobrenatural o no, que ha llevado a esta situación a persona y familia.

Y aquí viene lo maravilloso del ser humano: la superación, la fortaleza y la piña social: enfrentarse a retos, diversificar el sufrimiento y superar miedos. Por último, dejar ir, marchar, apagar. 

Morir da miedo a la mayoría de la gente. Hay un libro del que creo que ya he hablado en alguna ocasión. Trata sobre el cáncer, pero sobretodo trata sobre la vida y sobre la muerte como parte de ella. En España es conocido entre los cineastas y los seguidores de un señor que estuvo veinte años luchando contra tumores desde que apenas era un chaval con catorce primaveras. Albert Espinosa resume como nadie el miedo a la enfermedad y la convivencia con la muerte, y lo hace desde la amabilidad y desde todo el positivismo que una situación así te permite. 

La verdad es que el mensaje es bonito, y ya he dicho que por mi profesión, la muerte me parece parte natural de la vida; pero nadie dijo que este mensaje fuera fácil ni que todas las muertes parezcan justas. 

En este mes de malas noticias, de bofetadas del destino e injusticias, me quedo con cuatro de las muchas reflexiones que Espinosa nos regala en su "Mundo Amarillo":

- No puedes perderle el miedo a algo si no hablas de ello.
- De las pérdidas siempre salen ganancias.
- Cuando alguien muere se transforma en la gente que ha conocido. Sus recuerdos perduran, su vida se divide entre la gente que lo conoció. Es como si se multiplicaran entra mucha gente.
- Es triste morir joven, pero lo verdaderamente triste es morir sin haber vivido. 

Hagamos por vivir. Hablemos de los miedos. Disfrutemos. El tiempo es finito y vida solo hay una.

Vivamos pues.

viernes, 7 de septiembre de 2018

¡Suena!

El día, desde hace unos cuantos, se ha levantado nublado. Este verano, del que la gente se queja y del que yo estoy encantada, se está haciendo experto en mañanas fresquitas. Firmo el que viene como este, con días de calor perfectos para chapuzones y con otros de rebequita en el bolso y airecito encima de la bicicleta en el paseo vespertino.

Hoy tengo sueño. Quizá sea por el cansancio acumulado de un agosto que cuanto menos ha sido cansino en cuanto a trabajo. Pero mírame, aquí ando con el móvil en la mano a ver si el camino sigue abriéndose para mí en el sendero que quiero. No tenía muchas esperanzas puestas, pero luego me he acordado de que una amiga me dijo no hace mucho lo negativa que era.
Nunca me he considerado negativa hasta que vi un vídeo en el que decía que la gente negativa argumentaban que eran realistas.
- ¡Jo!- pensé- como yo.


Y aquí estoy, envolviendome en permufe del caro y poniendo el móvil a toda voz para descolgar la llamada que será continuación del principio del final.

Yo me entiendo.

Confío. Espero. Paciencia.

Vamos, bonito... ¡SUENA!

lunes, 27 de agosto de 2018

Soy rica.

Tuve suerte de encontrarme con amores que lo son para toda la vida y que abarcan a la familia que sí se elige: los amigos.

Tengo amigos de verdad, de los que se dicen te quiero y te echo de menos, de los que se aguantan todo porque saben como eres, y a los que todo le permites porque sabes como son.

Tengo algo más que amigos, compañeros de infancia,  crianzas entre trabajaderas, escaleras de madera y piedra-papel-tijera. Familia con apellido común pero cariño descomunal. Hermanos.

Tengo amigos de hace muchos años, tres buenas patas para un banco que a veces cojea. Pero, joder, ¡Es nuestro banco y nos sentamos a comernos pipas cuando queramos!

Tengo amigas de agujas que se convirtieron en confidentes. Alguna trajo un día de la mano a una canija maravillosa del norte de España con aire andaluz, y fuimos de nuevo tres patas, pero esta vez de pollo, con huevo frito a la vista.

Tengo amigas con sobrinos postizos que me llaman tita y me dan abrazos como pequeños osos.

Tengo amigos de máquinas, antiguos correcaminos, presente familia desertora y sobre todo presente vida.

Tengo amigos a dos ruedas, compañeros incansables de viajes espectaculares, entrañables, frikis, afrancesada, bióloga deportista e historiador culto, pero sobretodo con los tres corazones más grandes que he conocido jamás (con la suerte, además, de que uno lleva mi sangre).

Y tengo amigos futboleros, pesadillas de grupo de Whatssap donde Mel y Adán siguen siendo objeto de debate (y risas) con un sufridor fondo verdiblanco.

Tengo amigos de todos los colores. Dedos de la mano me sobran pocos. Mis amigos son personajes todos ellos y con características tan diferentes que me divierten de mil maneras. Y todos me hacen regalos casi todos los días en forma de palabras, de besos y abrazos (porque el que me conozca, sabe que me encantan).

Mis amigos no son perfectos. Son a veces quisquillosos, especiales, horrorosos, cansinos... a veces no quiero ni verlos, ni aguantarlos, ¡Ni ellos a mí, que me lo han dicho!, pero la balanza cae tan rápido del lado de las virtudes que mandan a la mierda todo lo negativo... ¡CATAPÚN!

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, así que, sí... ¡¡¡¡Soy rica!!!!