sábado, 2 de marzo de 2019

5 JOTAS

"Las emociones son elegibles". Eso dice una famosa psicóloga con miles de seguidores en redes sociales. Yo estoy de acuerdo a medias... Es cierto que se puede elegir estar más o menos triste, poner barreras a los sentimientos y a la forma en la que se expresan y reconducir a la mente a estados más pausados o más imparables. Pero con la felicidad plena, con esa, con esa no hay tu tía que la controle. La felicidad a veces tiene nombre de 5 jotas sin ser jamón, tiene olor a gloria y cuerpecito de bebé. Y eso de la felicidad plena es lo que tienen que estar sintiendo mis amigos Juanjo y Ana, por que su pequeño nació ayer y vino a traer más amor a sus vidas (y a la de sus titas).

Enhorabuena... Vuestra vida ha cambiado, es distinta, más llena, mejor. 

Larga vida, amigos, y feliz vida. 

Os quiero. 

viernes, 22 de febrero de 2019

Sin miedo

El hielo cubría el cristal del coche cuando bajó a primera hora de la mañana. Aún el sol no había clareado el cielo cuando se había obligado a tomar un café en el bar de abajo. Había helado no solo en la calle. Su sonrisa se había quedado congelada tras una llamada que prometía traer buenas nuevas y que se tornó en no tan buenas.
Las etapas se cierran. Es lo que pensó. Cierra puertas para abrir ventanas. Siguió pensando.
Aquel jarro de agua fría también había dejado petrificado su capacidad de resiliencia, al menos de momento. 
Necesitaba masticar todo lo que había pasado. Necesitaba pasar por la más absoluta ira para poder aceptar aquello que había cambiado su vida.
Un escalofrío le recorrió la espalda y de pronto quiso romper todo. No lo iba tolerar. No lo pondría fácil. Quizá perdería, sí, pero sería luchando. Caería alguna vez, sí, pero lo haría de pie. Ya se acabó la sumisión, se acabó quedarse en la servidumbre merced al temor que otros provocaban a su paso. El gesto de bajar la cabeza o mirar a otro lado se habían terminado. Su barbilla miraba al techo, firme, sin temblores, y las lágrimas seguían en su sitio.

Efectivamente esa era su arma, ya no tenía miedo. 

martes, 5 de febrero de 2019

Los días que quedan

Tengo, desde hace unos meses, necesidad de salir más allá del muro que me ata. Dos dias llevo horrorosamente compuestos de problemas sin fácil solución, y dos dias que llevo escondiendo la cabeza en la arena como lo haría un avestruz cuando llego (tarde) a casa. Me estallaría la mente si no lo hago, porque el estrés que acumulo pasa factura, pero lo mantengo a raya por mi salud mental. 
Cuento los días y los voy tachando en mi calendario, esperando que lo malo conocido no sea lo mejor. 
Y así han pasado sin gloria lunes y martes, y esperando me hallo al jueves porque mañana tampoco mejoran las borrascas que se posan allende los mares. ¡Qué hartura, muertesol! 

jueves, 3 de enero de 2019

Balances

3 de Enero. Siempre hay propósitos de año nuevo cuando llega el 3 de Enero. El 1 y el 2 casi son resacosos y, no nos engañemos, no cuentan como principio de nada sino como final de algo; pero el 3 empiezas a caer en la realidad de que el año anterior ha pasado y que tienes que acordarte de poner un número más en la fecha (sí, yo también estoy equivocándome al menos hasta marzo).
Claro, llega el deber momento de hacer el balance anual, por aquello de que a los humanos nos encanta cerrar y abrir etapas.
El mío ha sido positivo. Supongo que el hecho de haberme encontrado a mí misma en más de una ocasión ha sido clave para sentirme bien con mi 2018, pero tampoco voy a mentir y decir que nunca me he sentido perdida. Me he encontrado de nuevo entre agujas y curas, entre sueros y sondas. Me he encontrado de nuevo saboreando la soledad y disfrutando la compañía, y he visto más cerca la posibilidad de tres objetivos para el 2019, cuyo cumplimiento creía abocado al ostracismo más absoluto.

El año pasado deja en mi personalidad huellas importantes fruto de disgustos. He aprendido que sí que hay lobos con piel de cordero y lobos que realmente parecen más cabronazos con cuernos retorcidos, que ya lo decía mi hermano: una cabra es el bicho más malo que hay.
También deja en mi haber unas cuantas de amistades nuevas y otras renovadas, una familia (de sangre y no) creciente, y la claridad de ideas propia de la madurez en la que me hallo.
Qué diferente soy de aquella adulta que se vino a Sevilla hace unos años. ¿Mejor? No lo se. Pero creo que sí más feliz, y hay que tener en cuenta que en el momento en el que escribo esto estoy con la regla (Mini-punto para Carmen)

Y ya. Eso es todo lo que tengo que decir.



viernes, 21 de diciembre de 2018

Gordo

Estoy tumbada en el sofá, arropada en una manta y con una copa de vino que alcanzo con solo estirar el brazo. Te iba a decir que soy mujer de tradiciones pero qué se yo... solo sentía que debía brindar por ti y por los tuyos. Para ellos ha sido un día largo y duro.
La tele está puesta, pero en mute: no me apetece pensarte con ruido. En mi mente, muchas idas y venidas a tantos y tantos días en tu casa. A tantas tardes en la hermandad, a tantas idas al corte inglés con corticoles.
Me recuerdo de niña sentada en tu salón y verte aparecer por la puerta. Cuando me veías siemre te quedabas quieto, en una especies de teatrillo improvisado te parabas de sopetón, hacías una mueca y sacudías la cabeza un poco haciéndote el sorprendido, como si fuera la primera vez que comía en tu mesa compartiendo plato con tus hijos. Sonreías y me preguntabas con sorna un “¿qué haces aquí?”. No se lo que te respondía. Seguramente iría cambiando de respuesta o sería siempre la misma. No me acuerdo. Fueron cientos de veces que se repitió lo mismo, pero seguías haciéndolo, siempre, cada vez que llegabas. Me encantaba. Recuerdo cuando caí en el instituto con Elena. No se quien de los tres estaba más contento.

Hoy te hemos despedido, y era más pronto de lo que nos hubiéramos imaginado hace unos meses. Para ti lo primero era la familia, y yo siempre me sentí parte de ella; querida, apreciada. Siempre me demostraste que te alegrabas de verme. Espero haberte hecho sentir lo mismo, porque firmé hace muchos años la letra pequeña de aquellos días en tu casa, un contrato de cariño vitalicio. Me gustaría que te hubieras ido sintiendo que realmente te quiero y que siento tu marcha. Por ti. Por los tuyos, por la injusticia de la guadaña cayendo antes de tiempo.
Ya duermes, ya estás y están en calma. Lo han hecho bien, han sido fuertes. Son fuertes. Ya pasó y se hizo la paz. Ahora les toca andar y recordarte. Cicerón, era un tío listo: Toca mantenerte vivo en el recuerdo.

Vuela. Vuela.

martes, 11 de diciembre de 2018

Ganar

Las gallinas picoteaban granos en el suelo, y yo picoteaba de mi tarro unas nueces de macadamia.
El día, claro como otros tantos, me había ahuyentado de un plumazo las ganas de estudiar unos apuntes nada apetecibles.
El imponente sol se alzaba más allá de mi vista, y bailaba con las horas para esconderse tras el llano del viejo cazurro, trayendo la noche a las miradas.
Había perdido otra jornada de estudio, pero indudablemente había ganado un poquito más de vida.

viernes, 30 de noviembre de 2018

¡Qué bien!

Qué bien cuando estás bien. Qué energía, qué alegría, qué sentir y qué vivir. Y tus ojos siempre expresivos, lo que expresan. Amor del bueno, del puro. Qué bien cuando estás bien... Cuando te levantas bien, desayunas bien y te duermes una siestecita de media mañana en el relax del sofá, cuando almuerzas un buen plato y alimentas además el alma con la conversación. Y qué sonrisa, y qué belleza en el rostro, y qué bien.
Qué bien cuando estás bien. Cuando no te hace falta café para estar despierta, cuando no te hace falta nada para estar bien, solo estar, solo ser. Qué bien. Joder, qué bien.