jueves, 4 de junio de 2020

Puntos y seguidos.

Vaivén. Vacío. Vale. 

Voy. Vertiendo. Viajes. Truncados. Torcidos. 

Tengo. Testa. Triste. 

Tus. Pies. Perfectos. Piensan. Pedirme. Permiso. Para. Lograr. Leer. Lívida. Lúgubre. Luz. 

Lenta. En. El. Espacio. Eterno. Entre. Escenarios. Misteriosos. Mis. Muecas. Mienten. Mis. Manos. Callan. 
Cuentan. Conversaciones. Cenando. Con. Corazón. Sin. Saber. Sentimientos.
 
Sintiendo. Supo. Sanarlas. 

Gran. Gesto. Generalmente. Gélida. Gozó. Ganancias. 


sábado, 30 de mayo de 2020

La casa entre plantas

Los que me conocen, saben que adoro a los animales, si bien es cierto que ahora mismo descarto tener alguno compartiendo mis días por aquello de la libertad que me da no tener que cuidar de los amigos peludos. 
Sin embargo, nunca he sido muy dada a cuidar plantas- y eso que la palabra cuidar es la que define más a lo que me dedico- porque a excepción de los cactus, había un "vegeticidio" ligado a tenerlas bajo mi protección. 

Últimamente, me ha entrado la gracia, el don, el saber o la delicadeza que me ha permitido que las plantas no se vayan a por pipas a primeras de cambio, y oye, ni tan mal. 

Me acompañan en mi humilde morada un Kalanchoe blossfeldiana, con flores amarillas, un par de Gitanillas, una Cinta o Malamadre (trasplantados en este momento 3 hijitos para regalar, y ayer regalé otro a mi amiga Mariqui y en su día regalé uno a mi señora madre), un Helecho, un Ficus benjamina (mi alegría en el salón, regalo de mi Amigo Albert), alguna aromática como hierbabuena y tomillo, un Photo (mi otro acompañante de las tardes, regalo de mi amigo Marco), un Bambú en su jarrón con agua, dos Cactus (regalos de mi amiga Lourdes y de mi adorado Rafita) y dos Aloe Vera (también sendos regalos de Noe y Silvia). 

Y aquí estoy, orgullosa de no matarlas, de que incluso me regalen flores y dispuesta a ir al vivero para pillar alguna que pueda poner en la cocina. 

Y esto tan tonto y a la vez tan bonito, es lo que tenía ganas de dejar aquí por escrito. 
Fin del cuento. 

martes, 26 de mayo de 2020

La nueva normalidad

Hoy he empezado otro blog. 
No me penséis mal... No tengo intención de dejar a este aparcado y olvidado, aunque no diga lo mismo el abandono fehaciente que le he hecho durante el confinamiento, ahora iremos a explicar eso. 
Es un blog profesional, dedicado a la enfermería en todos sus ámbitos, pero sobre todo en el técnico. Realmente llevo dos entradas, contando con la de presentación. Tengo ilusión por esto, y más cuando durante estos meses de locura vírica he visto a tantos compañeros dando lo mejor de sí, como yo lo he hecho a pesar de tener la suerte de no haber estado en primera línea de batalla de la Covid-19. 

No voy a mentir, he visto cosas inimaginables, muertes incomprensibles, radiografías blancas como la nieve en un abrir y cerrar de ojos. He sentido miedo por algunos amigos en primera línea, he tenido gente contagiada y dando positivo una y otra vez. He visto sufrimiento, he llorado y gritado, y aún hoy anhelo abrazar a mi familia. Sigo, de alguna forma, confinada a pesar de estar ya en la fase 2 de la nueva normalidad. 

El 18 de marzo fue la última entrada que hice en este blog que he ido alimentando, al menos, una vez al mes desde que lo tengo activo. He empezado muchas entradas, pero ninguna era diferente a lo que ponían en los períodicos y en las redes sociales. Todo coronavirus, fallecidos, problemas mentales derivados de la situación, crisis económica, falta de material, gente saltándose las normas, aplausos, llantos, canciones, resistirés, videollamadas, soledad, ejercicio, pan casero, dulces, ferias improvisadas en el Salón, pasos con cajas de zapatos y Union Vecinal. No había nada que yo pudiera aportar más allá de lo que recogerán las crónicas en lo que ha sido la mayor pandemia de la era moderna. 

Pero hoy ha salido el sol, y lo ha hecho con brisa fresca para acompañarme en la hora de deporte que he disfrutado por las calles de mi tierra. 
Y hoy hay menos dramas personales y familiares, y se ve un poquito la luz en el túnel que un bicho invisible construyó en silencio, el muy cabrito. 

Hoy estoy bien, y aunque me cabreen las terrazas llenas de gente sin guardar las medidas de seguridad y compartiendo cachimbas, me he tomado un café, y he acompañado a mi madre a una tienda. 

La felicidad era eso que teníamos y que ahora, poco a poco, creo que podremos recuperar. 

Ánimo, amigos. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Comienzo. Día 4 de confinamiento.

¿Cuánto es capaz de cambiar el mundo algo invisible como un virus?
Valga estas próximas entradas para hacer un diario de momentos, de actualidad pero también de sentimientos, de actividades y de quejas. Es, de alguna forma, una manera más de sacar la cabeza a un mundo que está paralizado por completo.

Día 4 de confinamiento:

Van unos apuntes solo, espero ir mejorando este diario, pero hoy no me sale mucho más.

Ayer estuve en el hospital. Hoy tengo turno de noche, voy a la misma planta, según la llamada que he recibido de mi supervisor hoy.
En la planta en la que estoy, en pediatría, la cosa está tranquila de momento, pero hay una palabra repetida cada dos o tres minutos y más cuando te dicen que te llega una sospecha de coronavirus y que tienes que hacerle el frotis nasofaringeo para confirmar o descartar el caso. Hay una calma tensa, como el cielo justo antes de comenzar a llover... negro, amenazante.

Ayer hubo dos test. Los dos negativos (claro, que casi siempre dan negativo en niños... Aunque siguen siendo portadores). La curva, en Sevilla, va lenta, pero se espera que suba como la espuma en unos días.

Hoy me he levantado hablando con mi amiga Mar para que me pasase protocolos de RCP en niños y todo lo que sus compañeros pediatras le pasen conforme al Covid-19. Efectivamente lo que me temía, ayer se hicieron los test mal y pienso que igual por eso eran negativos... se lo diré a mi compañera hoy para que al menos dos hayamos aprendido. También me ha pasado un documento del uso de mascarillas que ha mandado nuestro hospital y nos hemos reído, porque hay puntos que no tienen mucho sentido... pero las dos coincidimos: tienen que cambiar los protocolos porque no hay material de protección.

Escucho a los políticos y me río. Escucho a los Sánchez, Casados, Maragalles y demás y no puedo por más pensar que les van a caer al menos diez años por la presión de tener que gestionar esta crisis sanitaria que luego será económica. Y me obligo a no pensar cuánto tiempo vamos a estar así.

He limpiado la cocina, he hecho ejercicio online y he hablado con cuatro amigos por videollamadas. Hoy poco más me queda que siesta y preparar las cosas para la noche de hoy.

Yo estoy bien, preocupada, expectante, aún como en una pesadilla cuando veo las calles vacías, pero estoy bien.

Sale la noticia de una vacuna, pero para eso aún queda... Hoy 14000 infectados conocidos en España y casi 600 personas fallecidas. Y queda lo peor.

Una nota para la esperanza: La gente es maravillosa, sigo recibiendo mensajes de ánimo y recibiendo ayudas de los compañeros sanitarios de toda España y de todo el mundo con consejos, protocolos. Y sigo viendo que, cada vez más, la gente es consciente de que la única vacuna que de momento está vigente es el aislamiento...

La Vacuna eres tú

viernes, 3 de enero de 2020

veinte-veinte

Cuando de pequeña me decían los adultos que el tiempo se les pasaba volando, no era capaz de entenderlos. Para mí, con ocho o nueve años, las tardes se hacían eternas entre juegos con mi hermano. Ahora, llegados casi a este cuatro de enero de dos mil veinte me asombra pensar en los años noventa como si fuera ayer mismo... Y el tiempo se torna fugaz. Ya dejé la niñez hace varios años (décadas), pero a veces me siento como esa niña que quedaba por las tardes en la plaza para patinar. 
Sentada en el sillón de mi salón, con dos copas y varias canciones arañando mi garganta tras haber salido de ella con aliño de guitarra, siento que este año va a ser bueno.  Tengo proyectos, tengo las cosas meridianamente claras, me siento orgullosa de lo que he hecho, y, aunque tengo una pizca de rencor por ciertas personas, ellas no me impiden ver lo maravillosa que puede ser la vida si se goza de salud y se tiene para comer y un poco de diversión. 
Estoy viva y me siento viva. Y mañana será otro día más de este año nuevo que viene pisando con fuerza, a pesar de ese bache que le han puesto a un gran amigo (conociéndolo, puede con eso y con más, que está más fuerte que un limón) 

Vamos. 

¡Vamos! 

viernes, 1 de noviembre de 2019

Punto y a parte.

Y salté... Y da miedo, vértigo, incertidumbre y pena a partes iguales, pero a la vez me invade la ilusión... Y eso lo invade todo.

Dejo atrás a una persona que me ha enseñado muchas cosas, entre ellas que también hay humanos que, sin ser delicuentes, tienen el corazón negro y muy mala leche.
Ya eso no importa, vivo, respiro. Se que me va a ir bien, y se que voy a echar de menos a unos pocos de vivivisoles.

Y sin embargo lo que seguro que se, es que vuelvo a haber ampliado mi círculo y abierto horizontes.

Punto y a parte en lo laboral.

Punto y seguido en amistad.

martes, 17 de septiembre de 2019

Red

Cuando escucho la radio por las mañanas, las noticias de política (con el bloqueo del gobierno por los impresentables cabeza de partido), la economía (el ataque con drones al petróleo) y sucesos de sociedad (la DANA y sus nefastas y cada vez más frecuentes consecuencias, robos, muertes, enfermedades raras...) no puedo más que pensar qué mundo estamos dejando a los que vienen detrás, a nosotros en un futuro.

Hace nada, unos días, ha nacido Manuel, hijo de Mar y de Iván. Hijo de una generación que se está dando cuenta que el planeta ya no tiene solución y que tendremos que acostumbrarnos a vivir peor.

La economía vuelve a pararse, y yo me pregunto si lo público seguirá accionando puestos de trabajo necesarios en sanidad y educación; pilares fundamentales de la sociedad. Pero no puedo evitarlo. Son muchos años ya y quiero saltar.

Salto. Voy a saltar.

Esto es lo que mis tripas cada vez más me empujan a hacer

Saltaré, por que vida hay una.

Salto... Aun tengo red.