sábado, 8 de mayo de 2021

Espera

No hay si no minutos que rellenar en esta semana que acaba y la proxima que comienza. Porque no hay más que se pueda hacer y que esté en manos de nadie, que hacer lo que ya se hace, lo que ya se siente y se procura en beneficio. 
Son días de incertidumbre, pero no hay pena, solo algún nervio chispando de vez en cuando y alguna crisis de realidad perdida entre tanta teoría. 
El alfiler dorado ahora acompaña, y los buenos deseos de gente buena también. Eso es el alfiler. Eso representa, por eso está presente, porque recuerda el apoyo de todos. 
Y mientras tanto, mucha hormona campando a sus anchas y quizá señales poco luminosas de caminos a tomar. 
Aquí, y ahora, me siento bien. 

sábado, 10 de abril de 2021

Divisiones

A veces, solo a veces, dividir es más que sumar, es sinónimo de multiplicar y de seguir creciendo aún siendo divididendo y divisor. 
Es aquello de que las alegrías, si se comparten, se multiplican. De que la vida es cambio, evolución, adaptación, aceptación. Es nervios y calma tensa, y espera y expectación. Y dudas, cientos, que activan el sistema nervioso simpático y aceleran el impulso eléctrico para hacer latir el corazón más rápido. 
Todo eso y más, y a veces menos, pero siempre sumando aunque parezca una incongruencia, un antónimo dentro del diccionario del día a día, donde sustantivos con nombres propios van formando y formándose con ese gran aliado que es el tiempo. 

viernes, 26 de marzo de 2021

NIDO

He empezado no se ya cuantas veces esto que escribo. Corren mis dedos por la superficie de la pantalla como alma que lleva el diablo, raudos, sin control pero con cadencia de nervio puro. 
Son sólo dos los que se encargan de pulsar las letras. Dos como agujas, pinchando el teclado  y hundiéndose en mi piel. Dos que se confunden y rectifican, que escriben y borran para interponer otra palabra, otra frase, otra idea. Dos que quieren en realidad contar usando los otros ocho y los diez de abajo también. Por que quema, porque aquello revolotea sin ser ya pájaros en la cabeza si no más bien pájaros haciendo nido. Nido seguro, nido cálido, nido pequeño pero sabroso, dócil, tranquilo pero sin pausa, expuesto a mil ojos y a la vez, fortaleza infranqueable vacía de explicaciones. 

Nido mío, y de lo mío sin posesiones ni posesivos. 
Pero mi nido. 

domingo, 14 de marzo de 2021

Un año después.

Un año me parece tiempo suficiente para haber aprendido. 
Hace un año, empecé de nuevo una etapa en pediatría que aún me dura, y comenzó a la vez que se comenzaba el confinamiento para detener los contagios ser un virus que parecía sacado de una película distópica. 
Hoy, un año después, hemos aprendido muchas cosas y otras, que se supone interiorizadas, muchos las pasan por alto por negacionismo, incultura o idiotismo. 
Las vacunas llegaron pero aún no a mucha población, y yo, un año después, sigo en el mismo sitio, con la cabeza puesta en otras metas, otras vivencias y miedo, bastante miedo a lo desconocido, que no es poco. 
Quiero a mi familia, quiero a mi gente, a mi profesión. Ojalá en un año volvamos a vernos de nuevo en este blog para decir que todo acabó, y que mi familia está bien, mi gente sana y mi profesión está a salvo de recortes de la crisis que ya hay y que estará. 

Y mientras llega el día en el que de verdad nos podamos relajar, cuidad de los nuestros y de nosotros. 

lunes, 1 de febrero de 2021

Luz perpetua.

Cada vez estoy más segura de que existen seres de luz que pasan por la vida para alumbrar y hacer de su experiencia vital un aprendizaje para los que lo rodean. 
Rafa era uno de ellos. Lo conocí como enfermera, se convirtió en mi paciente y luego- no le costó demasiado- traspasó la barrera y me tocó el corazón. Hoy esa luz se ha apagado, aunque creo no mentir si digo que para los que lo conocimos, no lo hará nunca del todo. Este 1 de febrero lo despido como fiel admiradora, con el mismo corazón que tocó hace tantos años, encogido. 

Sus ojos han sido siempre muy expresivos, su determinación, su fuerza, sus ganas de vivir; un estandarte. A pesar de sus limitaciones por ser poseedor de la mala lotería de una enfermedad degenerativa, ha vivido lo que muchos otros sin atisbo de enfermedad ya quisieran. Ha disfrutado del aire, del sol, de los pájaros, de camping, de salidas con amigos, de la playa, de viajes, de conciertos de música, de fútbol, de Instituto, Universidad (periodismo, con dos cojones), charlas y entrevistas a punteros artistas de la sociedad músical española. Ha sabido exprimir cada minuto, cada segundo. Lo ha sabido hacer y ha podido, que hay que decirlo, gracias a una madre abnegada (¡Ay, Consuelo, qué orgullosa debes de sentirte y cuánto bien le has hecho! ¡Madraza!), a una hermana amable y amorosa (María, gracias, ¡Qué ejemplo también el tuyo) y a un padre "postizo", de esos que hacen mella (Antonio, cómo disfrutó de todo lo que le ofrecíste, que no es poco si no todo lo contrario). ¡Qué gran suerte tuvo de nacer en esa familia! 
Hoy es un día triste, la vida se ha perdido a un chico maravilloso, una de esas personas que sueltan las palabras de manera que te hacen un "click" dentro y te cambia para siempre. 

"En muchos momentos la vida es dura, pero siempre existen motivos, personas, metas, sueños por cumplir por los que seguir siempre adelante. Debemos sobreponernos a las dificultades que encontramos en nuestro camino porque es superando esos obstáculos donde encontramos la felicidad".

Hoy (y ya siempre) cantaré los goles de tu Betis también por ti, y el brindis de mi copa de vino será por tu vida, llena de baches, que fuiste solteando con tu silla de ruedas. 

Vuela, amigo (pero quédate siempre un poquito con nosotros).

sábado, 23 de enero de 2021

Tercera

Tres. 
La tercera ola ya está aquí. Van tres donde la primera fue un tsunami; la segunda, una ola para surfear, y esta tercera parece una pared de hormigón a la que no hay más cojones que escalar para poder superar. Cómo de alta sea la ola, no lo sé. No pinta bien. No me gusta un pelo lo que oigo, lo que me cuentan los que están en primera línea... Tres. Tres olas. Tres putas olas y aún no hemos (han, qué coño!) aprendido. 

Dos. 
Las dosis de las vacunas que están comercializadas en España y que tienen que ser administradas al menos al 80% de la población. Este 2021 va a ser igual o peor que el 2020, ya lo dijo la OMS hace unos días... Aunque creer a la OMS últimamente es hacer acto de fe contínuo. Queda menos para que todos lo estemos, pero egoístamente, quiero que ya vacunen a mis padres y a mis hermanos.

Uno. 
Eso son los días que me permito estar de bajón. Hoy, tras la merienda, me ha entrado una desazón como pocas veces ante lo que se viene. No, ni he cambiado mi forma de actuar (sigo teniendo mi burbuja social de dos personas) ni, de momento, se me ha acabado el contrato en Pediatría; pero me apena tener que dejar esa burbuja (no viven en mi pueblo, y ya estamos confinados perimetralmente) y sobretodo me da mucho miedo el futuro. 
Ojalá esta situación pueda acabar pronto, ojalá haya buenas noticias pronto que hagan pensar en la ilusión más que en el bicho que nos tiene a todos en jaque. 

Ojalá haya sueños con los ojos abiertos... Y no tanta pesadilla detrás de gafas de protección, y tantas familias rotas por tantas vidas perdidas. 

jueves, 31 de diciembre de 2020

Cierre y vuelta a empezar

Los días han pasado y el último del año 2020 asoma las primeras horas. Y cuántas cosas han pasado... Cuántas cosas que nunca imaginamos han empapado cada segundo de nuestra realidad, esa que ahora tiene el apellido "nueva" delante del nombre, como los adjetivos en inglés, que parece que llevan prisa para describir lo que acompañan. 
Yo, sinceramente, tengo que dar las gracias. 

Gracias porque la sangre de cordero hizo efecto y la muerte pasó de largo como en el Éxodo por casa de mi familia. No llegó la enfermedad tampoco este año a abofetear a los míos- y la salud, ya hemos aprendido casi todos en tiempos de pandemia, es lo más preciado que tenemos-. 
Tengo que agradecer mi lugar de trabajo, alejado de EPIS incómodos las doce horas de turno y cerca, a la vez, de gente maravillosa y pacientes de baja estatura que te ganan con una sonrisa y un chupetón, pero no en el cuello, si no a un biberón. 
Tengo que agradecer la soledad buscada y la compañía encontrada; redescubrir a los míos a través de videollamadas. Tengo que agradecer la comida y la bebida en la mesa, los paseos tras el confinamiento, el aire fresco en la azotea cuando no podíamos salir, la pintura, la escritura, la lectura, la música. 

Sentirme viva. Seguir viva.

Tengo que agradecer los nuevos descubrimientos personales, los reencuentros con mi gente y conmigo misma, y las lágrimas que he derramado, que han sido muchas (hace un rato unas cuantas, sin ir más allá...) pero no prometo que sean las últimas. 
Tengo que agradecer cada risa, cada abrazo imaginario, cada abrazo robado con mascarilla, cada beso, cada palabra sin voz ahora que nos hemos hecho expertos en miradas cómplices.
¡Cuánto me asombra cómo nos adaptamos los humanos! 

Este año ha tenido mucho dolor. El que entra vendrá también, por desgracia, con pérdidas personales, con dramas familiares, con olas y ahogadillas y boqueadas de aire fresco tras buscar branquias en los costados, aletas en los pies y manguitos para salir a flote en este mar inhóspito creado por el coronavirus. Llega el momento de cerrarlo para avanzar, para volver a ser lo que fuimos... Libres. 

Por un 2021 lleno de familia, de amigos, de salud, de vacunas, de savia nueva. De vida.