martes, 5 de febrero de 2019

Los días que quedan

Tengo, desde hace unos meses, necesidad de salir más allá del muro que me ata. Dos dias llevo horrorosamente compuestos de problemas sin fácil solución, y dos dias que llevo escondiendo la cabeza en la arena como lo haría un avestruz cuando llego (tarde) a casa. Me estallaría la mente si no lo hago, porque el estrés que acumulo pasa factura, pero lo mantengo a raya por mi salud mental. 
Cuento los días y los voy tachando en mi calendario, esperando que lo malo conocido no sea lo mejor. 
Y así han pasado sin gloria lunes y martes, y esperando me hallo al jueves porque mañana tampoco mejoran las borrascas que se posan allende los mares. ¡Qué hartura, muertesol! 

jueves, 3 de enero de 2019

Balances

3 de Enero. Siempre hay propósitos de año nuevo cuando llega el 3 de Enero. El 1 y el 2 casi son resacosos y, no nos engañemos, no cuentan como principio de nada sino como final de algo; pero el 3 empiezas a caer en la realidad de que el año anterior ha pasado y que tienes que acordarte de poner un número más en la fecha (sí, yo también estoy equivocándome al menos hasta marzo).
Claro, llega el deber momento de hacer el balance anual, por aquello de que a los humanos nos encanta cerrar y abrir etapas.
El mío ha sido positivo. Supongo que el hecho de haberme encontrado a mí misma en más de una ocasión ha sido clave para sentirme bien con mi 2018, pero tampoco voy a mentir y decir que nunca me he sentido perdida. Me he encontrado de nuevo entre agujas y curas, entre sueros y sondas. Me he encontrado de nuevo saboreando la soledad y disfrutando la compañía, y he visto más cerca la posibilidad de tres objetivos para el 2019, cuyo cumplimiento creía abocado al ostracismo más absoluto.

El año pasado deja en mi personalidad huellas importantes fruto de disgustos. He aprendido que sí que hay lobos con piel de cordero y lobos que realmente parecen más cabronazos con cuernos retorcidos, que ya lo decía mi hermano: una cabra es el bicho más malo que hay.
También deja en mi haber unas cuantas de amistades nuevas y otras renovadas, una familia (de sangre y no) creciente, y la claridad de ideas propia de la madurez en la que me hallo.
Qué diferente soy de aquella adulta que se vino a Sevilla hace unos años. ¿Mejor? No lo se. Pero creo que sí más feliz, y hay que tener en cuenta que en el momento en el que escribo esto estoy con la regla (Mini-punto para Carmen)

Y ya. Eso es todo lo que tengo que decir.