jueves, 26 de abril de 2018

Calafates

Muchas veces me has recordado a aquella paciente que tanto me enseñó en tercero de carrera. Curiosamente, tenía tu mismo nombre, también era rubia de ojos claros, como tú, y era risueña a pesar de sus padecimientos. De ella escribí extenso, nunca la olvidaré, pero a ti... aún menos.
No puedo dejar pasar la oportunidad de dejar por escrito algo que tú ya sabías, porque me encargué de decírtelo muchas veces: que siempre me alegraba de verte, que compartir té contigo por las mañanas entre espirometría y aerosol con charlas de la vida me hacían reafirmarme como enfermera, que eras una buena persona, buena gente, sencilla, realista, simpática, amable y sobretodo luchadora. Que te quiero, porque eras entrañable, que sabes que hoy a todos los compañeros que tuvimos la suerte de conocerte se les ha ido la amiga del callejón calafates. 
Te sentimos cerquita y cada vez que vaya a tu barrio miraré como siempre lo hacía hacia tu calle, pero esta vez no buscare aparcamiento o lo dejaré en un vado y me pasaré a saludarte. Ahora vete, vuela, suéltate de las cadenas y respira de verdad. Adios, Mª Luisa. Se libre. Descansa.

viernes, 6 de abril de 2018

Más cerca

Casi puedo rozarlo. Cierro los ojos y me veo ya siendo lo que una vez soñé. A veces me arrepiento del camino tomado, pero, al volver la vista atrás, esa sensación se me va.
También he cuidado, me digo. Y mucho. Y he aprendido más que otros que no se atrevieron. Y la calidad humana que acumulo es fruto de compaerños de camino y de los demás que me he ido encontrando.

Sí, he cuidado. Ahora espero, en poco, hacerlo de otra forma. De la forma que siempre quise. De la forma para la que se que nací.

Vuelvo. Y todo está más cerca.