lunes, 1 de febrero de 2021

Luz perpetua.

Cada vez estoy más segura de que existen seres de luz que pasan por la vida para alumbrar y hacer de su experiencia vital un aprendizaje para los que lo rodean. 
Rafa era uno de ellos. Lo conocí como enfermera, se convirtió en mi paciente y luego- no le costó demasiado- traspasó la barrera y me tocó el corazón. Hoy esa luz se ha apagado, aunque creo no mentir si digo que para los que lo conocimos, no lo hará nunca del todo. Este 1 de febrero lo despido como fiel admiradora, con el mismo corazón que tocó hace tantos años, encogido. 

Sus ojos han sido siempre muy expresivos, su determinación, su fuerza, sus ganas de vivir; un estandarte. A pesar de sus limitaciones por ser poseedor de la mala lotería de una enfermedad degenerativa, ha vivido lo que muchos otros sin atisbo de enfermedad ya quisieran. Ha disfrutado del aire, del sol, de los pájaros, de camping, de salidas con amigos, de la playa, de viajes, de conciertos de música, de fútbol, de Instituto, Universidad (periodismo, con dos cojones), charlas y entrevistas a punteros artistas de la sociedad músical española. Ha sabido exprimir cada minuto, cada segundo. Lo ha sabido hacer y ha podido, que hay que decirlo, gracias a una madre abnegada (¡Ay, Consuelo, qué orgullosa debes de sentirte y cuánto bien le has hecho! ¡Madraza!), a una hermana amable y amorosa (María, gracias, ¡Qué ejemplo también el tuyo) y a un padre "postizo", de esos que hacen mella (Antonio, cómo disfrutó de todo lo que le ofrecíste, que no es poco si no todo lo contrario). ¡Qué gran suerte tuvo de nacer en esa familia! 
Hoy es un día triste, la vida se ha perdido a un chico maravilloso, una de esas personas que sueltan las palabras de manera que te hacen un "click" dentro y te cambia para siempre. 

"En muchos momentos la vida es dura, pero siempre existen motivos, personas, metas, sueños por cumplir por los que seguir siempre adelante. Debemos sobreponernos a las dificultades que encontramos en nuestro camino porque es superando esos obstáculos donde encontramos la felicidad".

Hoy (y ya siempre) cantaré los goles de tu Betis también por ti, y el brindis de mi copa de vino será por tu vida, llena de baches, que fuiste solteando con tu silla de ruedas. 

Vuela, amigo (pero quédate siempre un poquito con nosotros).

sábado, 23 de enero de 2021

Tercera

Tres. 
La tercera ola ya está aquí. Van tres donde la primera fue un tsunami; la segunda, una ola para surfear, y esta tercera parece una pared de hormigón a la que no hay más cojones que escalar para poder superar. Cómo de alta sea la ola, no lo sé. No pinta bien. No me gusta un pelo lo que oigo, lo que me cuentan los que están en primera línea... Tres. Tres olas. Tres putas olas y aún no hemos (han, qué coño!) aprendido. 

Dos. 
Las dosis de las vacunas que están comercializadas en España y que tienen que ser administradas al menos al 80% de la población. Este 2021 va a ser igual o peor que el 2020, ya lo dijo la OMS hace unos días... Aunque creer a la OMS últimamente es hacer acto de fe contínuo. Queda menos para que todos lo estemos, pero egoístamente, quiero que ya vacunen a mis padres y a mis hermanos.

Uno. 
Eso son los días que me permito estar de bajón. Hoy, tras la merienda, me ha entrado una desazón como pocas veces ante lo que se viene. No, ni he cambiado mi forma de actuar (sigo teniendo mi burbuja social de dos personas) ni, de momento, se me ha acabado el contrato en Pediatría; pero me apena tener que dejar esa burbuja (no viven en mi pueblo, y ya estamos confinados perimetralmente) y sobretodo me da mucho miedo el futuro. 
Ojalá esta situación pueda acabar pronto, ojalá haya buenas noticias pronto que hagan pensar en la ilusión más que en el bicho que nos tiene a todos en jaque. 

Ojalá haya sueños con los ojos abiertos... Y no tanta pesadilla detrás de gafas de protección, y tantas familias rotas por tantas vidas perdidas. 

jueves, 31 de diciembre de 2020

Cierre y vuelta a empezar

Los días han pasado y el último del año 2020 asoma las primeras horas. Y cuántas cosas han pasado... Cuántas cosas que nunca imaginamos han empapado cada segundo de nuestra realidad, esa que ahora tiene el apellido "nueva" delante del nombre, como los adjetivos en inglés, que parece que llevan prisa para describir lo que acompañan. 
Yo, sinceramente, tengo que dar las gracias. 

Gracias porque la sangre de cordero hizo efecto y la muerte pasó de largo como en el Éxodo por casa de mi familia. No llegó la enfermedad tampoco este año a abofetear a los míos- y la salud, ya hemos aprendido casi todos en tiempos de pandemia, es lo más preciado que tenemos-. 
Tengo que agradecer mi lugar de trabajo, alejado de EPIS incómodos las doce horas de turno y cerca, a la vez, de gente maravillosa y pacientes de baja estatura que te ganan con una sonrisa y un chupetón, pero no en el cuello, si no a un biberón. 
Tengo que agradecer la soledad buscada y la compañía encontrada; redescubrir a los míos a través de videollamadas. Tengo que agradecer la comida y la bebida en la mesa, los paseos tras el confinamiento, el aire fresco en la azotea cuando no podíamos salir, la pintura, la escritura, la lectura, la música. 

Sentirme viva. Seguir viva.

Tengo que agradecer los nuevos descubrimientos personales, los reencuentros con mi gente y conmigo misma, y las lágrimas que he derramado, que han sido muchas (hace un rato unas cuantas, sin ir más allá...) pero no prometo que sean las últimas. 
Tengo que agradecer cada risa, cada abrazo imaginario, cada abrazo robado con mascarilla, cada beso, cada palabra sin voz ahora que nos hemos hecho expertos en miradas cómplices.
¡Cuánto me asombra cómo nos adaptamos los humanos! 

Este año ha tenido mucho dolor. El que entra vendrá también, por desgracia, con pérdidas personales, con dramas familiares, con olas y ahogadillas y boqueadas de aire fresco tras buscar branquias en los costados, aletas en los pies y manguitos para salir a flote en este mar inhóspito creado por el coronavirus. Llega el momento de cerrarlo para avanzar, para volver a ser lo que fuimos... Libres. 

Por un 2021 lleno de familia, de amigos, de salud, de vacunas, de savia nueva. De vida. 



sábado, 12 de diciembre de 2020

Oh, Supervisora.

No se por donde empezar. Bueno sí, voy a empezar por lo negativo, querida Juana. 
- ¿Y la súper?- en el control de la séptima norte me mandaban a la séptima sur. 
- Hola, ¿y la súper? - en la séptima sur, me mandaban al despacho, ya vengo de allí, pero allá que voy. Y allí, ahora sí, te encuentro. 
Me traías muchas veces de cabeza, ¡lo sabías y lo peor es que te daba lo mismo! ¡Cuántas veces me llamaste para que intercediera por ti para una inscripción en Neumosur o en cualquier otro congreso!  "Tengo que hablar contigo" era la frase más recurrente, y ya sabía que me iba con deberes a casa. "Me falta una bipap" era la segunda... Y a mí sí que me faltaba cogerte de la oreja y llevarte al despacho para buscarla contigo. Tu cara de no haber roto un plato cuando la encontraba. ¡Me partía de risa a la vez que te mataba! Se te ponía cara de niña traviesa, la sonrisa se te hacia más infantil, con una mueca de vergüenza. 
Abre el armario, miarma, el de la derecha, abajo, allí seguro que hay alguna, que parezco tu madre. Ah, no está, pues ahora me tengo que pelear a ver si os ponen otra...A ver, ya te digo algo, pero tú buscala. ¡Pues buscala más! ¡Pues pones una enfermera de más que de vueltas y las busque mejor! Sí, sí, ya veo la planilla que te falta una... ¿A quién hay que llorarle para que te manden del retén, que voy contigo? ¿No se le habréis dejado a medicina interna la bipap? No, las tubuladuras del Alto Flujo no las damos nosotros, eso las compra el hospital. Y tampoco tengo que darte esa mascarilla, que no está en catálogo. ¡¡Y que yo no soy quien te tiene que dar el dinero para las inscripciones, habla con Manolo!! Sí, yo lo llamo ahora para decirle que lo estas llamando para eso, pero los ojos de cordero degollado no me los pongas a mi. Ah, otra para inscripción para Rosa, sí, sí, yo me río ¿y tu con esa cara? ¡Pues dame ese caramelo entonces! ¿Te llegó el listado de equipos que tenéis que tener con las matriculas nuestras? Vale, te lo mando otra vez, pero te lo he traído impreso también. ¿Una ELA ingresada? Ahora me paso y le echo vistazo ¿Sabes donde está Emi?, tengo que verla para un tema de prescripciones. Sí, yo estoy hasta el infinito y más allá por no decirte hasta el coñ... Hoy me queda tela por aquí, así que sí te hace falta algo, voy a estar dando vueltas y luego al infantil...¡A ti te daba yo mi puesto! ¡¡Que no, que no, déjate, yo el tuyo si que no lo quiero!! 

Ahora lo positivo, compañera. 
Te he visto crecer como supervisora. Creo que debes tener el récord de tiempo en el puesto... No te recuerdo en otro en todos estos años, y son 10 ya los que te conozco. 
Lo de arriba, Juana, era parte del trabajo. Lo más feo de mi trabajo: la parte comercial, sin yo ser nada de eso. Tú lo sabías, me habías conocido siendo enfermera rasa cuando empecé a llevar la ventilación del hospital, y cuando cambié de funciones y estábamos en tu despacho y me apretabas las tuercas, nunca perdiste la sonrisa. Con esa voz socarrona pedías y luchabas por tu servicio, veías en mi una aliada y siempre me trataste como una compañera. A pesar de que lo de arriba, para mi, era un suplicio, me lo hacías fácil, ¡aunque me dieras una pullita de vez en cuando y me tiradas a ver si caía algo! 
Cada vez que te veía en el pasillo tampoco fallaba esa sonrisa en medio de tu cara. 
¿Mis enfermeros bien? ¿Y tus niñas, cómo van? ¡Ostras, qué grandes! Ya mismo feria. Hombre, nos tomamos tres cervezas en la Separ o donde haga falta ¡No me digas que vienes a nuestro hotel! Claro, hablo para cena. ¿Uno más? ¡Anda que tu marido se lo va a perder! 
Tres días han pasado y las RRSS me siguen bombardeando con tu figura. Tres días y apenas puedo creerlo. 
Eras divertida. Eras buena persona. Eras buena compañera y una referente en el campo de la enfermería neumológica. 
El mundo se ha perdido un gran ser contigo, el Hospital una gestora cercana, y tus compañeros una mano amiga, sin duda. 
Y aún hay gente que niega que el virus maldito exista y mate. Y a tí, demasiado pronto, demasiado joven. La enfermeras estamos de luto. 
Seguirás en mi recuerdo con esa sonrisa de niña pequeña cuando me veías al final del pasillo y seguirás con esa otra de pilla cuando conseguías algo. La sonrisa. Todo el rato, en cada momento, en cada situación. Eso es imborrable. Son muchos años que la llevabas siempre puesta... Y deberían haber sido más. 

Vuela, Juana. Descansa en paz, súper. 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Lo positivo

Hace un par de días vi un vídeo de una chica a través de las redes sociales. En él, aparecía sirviéndose una copa de vino y relatando los propósitos que había escrito para este 2020. Ni que decir tiene que no ha cumplido ninguno en este año raruno que nos ha tocado vivir. Se reía con una risa nerviosa y muy contagiosa, y yo, la verdad, me llevé toda la mañana viéndola en bucle y uniéndome a su guasa, ¡Qué risas! 
Me acordé que yo suelo hacer algo parecido y, bueno, el resultado es similar, desde luego. ¿Quién iba a pensar en un futuro así? Yo presentía que iba a ser un buen año y, sinceramente, ha ido en un fifty-fifty entre lo negativo y lo positivo, en un baile contínuo de piruetas emocionales. 
Queda poco más de un mes para acabarlo y soy incapaz de saber si me acordaré de lo bueno que me ha pasado cuando vayan sumando los años. Por eso, hoy escribo esto, para recordarme que lo bueno también pasó, para no dejar que el dolor lo borre. Y lo maravilloso es que todo lo bueno que he tenido ha sido gracias a la gente que me rodea. 
Una vez dije que era rica por los amigos y familia que atesoro (atesorar... Joder, qué palabra más bonita). Hoy lo reafirmo porque, con estos días de encierro, no me he sentido sola... Y eso teniendo cuatro paredes solo para mí, es mucho. 
El veinte-veinte ha sido un año de reafirmacion, de reflexión y de descubrimientos. Seguís aguantando a esta persona solitaria pero social, alegre en tragicomedia que aliña su estómago lo mismo con ensalada que con dulces o boniato al horno, y su alma con gente diferente y música variopinta. 
Queridos míos, gracias por ser navegantes que siguen esta corriente que a veces marcan el viento de mis velas, aunque no siempre vayan en la dirección que queráis... Eso es lo más positivo que tengo: que sabéis, como dijo Lorca, dejarme las alas en su sitio, que yo volaré- seguiré volando- bien.


domingo, 15 de noviembre de 2020

La vida eterna de las palabras

Aquello de que las palabras se las lleva el viento siempre me ha parecido más un eufemismo que otra cosa. Que si se le tiene que decir a alguien que no se confía en su persona, se le dice y punto. 
En estas estaba yo cuando de repente me suena un mensaje en el móvil y me veo, pantalla en mano, unas palabras escritas que me invitaban a leer cierto primer capítulo de una novela de realidad distópica ambientada en mi extrañada Sevilla (qué te echo de menos, Sevilla mía, ahora que mi querida Utrera mira más a los contagios por Covid19 que a la cornamenta que le pone de vez en cuando su hija, aquí presente).
Aquel revés de mis acontecimientos de un domingo de cuarentena cualquiera (acertaste, soy positiva por SARS-COV2 y aquí lo dejó reflejado para la posteridad: ¡Yo sobreviví al Coronavirus! ) hizo plantearme lo curioso que resulta leer lo que una vez alguien escribió. 
Yo misma me sorprendo y no me reconozco en muchos de los textos que este humilde blog tiene, y pienso en los escritores, que algunos cuentan con decenas de obras, y me pregunto si a estos genios de las letras les pasará lo mismo. 

¿Leyó Cervantes su Quijote mucho después de publicarlo? ¿Se arrepentiría de alguna parte? ¿Dudaría acaso de su autoría en algún pasaje? 

Las palabras se las lleva el viento. Tienen una vida corta en esos labios y pasan al receptor por martillo, yunque y estribo para perderse, pasando por el nervio, en los confines de su memoria. Estas que escribo ahora y que tú lees, llegaran a ella también aunque por otros medios y se perderán al igual que yo las perderé, probablemente, hasta que las vuelva a encontrar, haciéndolas eternas en el mapa de bits de un blog que una vez quiso ser entalpía. 

martes, 27 de octubre de 2020

Volver a empezar

No se si hay ya una entrada con este título. Igual sí. Lo que sí hay es una entrada con el mismo hilo: la Pandemia. 

Ha llegado ya una ola que, por la magnitud que está cogiendo, parece más un tsunami que otra cosa. A fecha de hoy, tenemos las mismas camas ocupadas en el hospital en el que trabajo que en tiempos del confinamiento, con la diferencia de que, por aquel entonces, la gente se quedó en casa y pararon los ingresos. 

A fecha de hoy, en mi hospital, hay casi 200 profesionales en sus casas por ser positivos o por haber estado en contacto estrechos con positivos. 

A fecha de hoy, conozco, de manera más o menos estrecha, a casi 30 personas que han padecido o están padeciendo la enfermedad. Veintiocho personas más que en Marzo. De ellas, una ha muerto por Covid19 y a tres les han quedado secuelas. 

A fecha de hoy, los sanitarios volvemos a tener miedo. Pero la mayoría de la gente no. Y ese es el problema. 

A fecha de hoy, hemos tenido que volver a empezar a vivir con la guardia en alto, cuando lo más efectivo para esquivar al virus es que esa guardia nunca se tendría que haber bajado. 

Por favor: Mascarilla bien puesta. Ventilación en los espacios. Lavado de manos. Distancia de Seguridad.