miércoles, 21 de septiembre de 2022

Río de plata

Estoy en la playa, el viento de poniente me ocupa los oídos hasta el punto de perder el murmullo de las olas. Las gaviotas soltean mis pasos y bañan sus patitas mientras saborean no se qué en sus picos mojados en arena. Niños por todas partes recogen almejas, corretean y hacen castillitos con sus manos. Tengo la catedral de Cádiz al fondo, con un cielo turquesa y unas nubes no de algodón, más bien de espuma, como las olas que van mojando mis pies. Voy con las tetas al aire, estas tetas apimientadas y maravillosas que la maternidad me ha transformado, los ojos húmedos tras las gafas de sol y un nudo que aprieta cada una de las cuerdas vocales de mi garganta... Pero estoy tan feliz, que solo echo en falta tener a mi niño a la espalda y compartir con él este momento. Respirar otro aire, otro ambiente, olvidar y pensar que quizá sea otra etapa sin dejar puertas abiertas pero abriendo agujeritos en las paredes. 
La libertad que siento aquí, reconciliándome con la Caleta, saboreando un café de chiringuito y con un libro en el bolso es complicado encontrarlo en el día a día. Soy tan diferente ahora y a la vez tan igual a la que vino la última vez, que me asombra pensarme así, como estoy ahora, hace unos meses. Después de todo, nadie se baña en el mismo río por dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña. Al menos eso decía Heráclito, que debió ser un tipo bastante listo.
Y es que así me siento... Nadadora en un río de plata que nunca es igual que ayer, el mismo que desemboca siempre en un mismo y a la vez diferente mar. 


domingo, 28 de agosto de 2022

Pertenencia

A vueltas con el calendario. 
Mente frágil, olvidadiza y olvidada, tapada con excusas e incapaz de poner orden. Cuando los sentimientos toman el control, la mente se estimula tanto que coge velocidades de vértigo sin llegar a ningún sitio. Y se amontona como los vagones en una colisión de trenes, y se aturulla como una madeja de lana que se ha guardado sin cuidado de liarla bien. Y así, pasan las horas, y se van vistiendo de lejanía pensamientos aliñados, apiñados y sin guía, que no pueden ya ni guardar las formas. 
Para qué. Ya de nada sirve. 
No siempre se recibe lo que se da, pero se da lo que uno es... Y eso, dicen, es lo importante. Aunque ahora pierdas más que ganes, llores más que hables y dejes ir, como la brisa a la espuma del mar, lo que una vez te pareció no tuyo, pero sí algo a lo que pertenecías. 

martes, 16 de agosto de 2022

Pajaritos en el aire

Empiezo a escribir esta entrada como parte fundamental de la expiación de mis demonios. Porque una puede sentirse defraudada por muchas cosas, y ese sentimiento debería quedarse ahí para irse diluyendo en el tiempo como se disuelve el azúcar en una taza de café. 
Pero claro, me enseñó Paco, mi querido profesor de Química, que toda mezcla tiene su punto de concentración máxima, y que cuando no admite más, acaba por tener restos sin disolver. 
Y ahí entra en juego de nuevo ese sentimiento, que de tanto pensarlo se convierte en la mezcla de colacao que se queda en el fondo del vaso y tienes que raspar con el estropajo. Por muy bueno que te parezca esa mezcla de azúcar sin fin (pocas cucharadas me he metido entre culo y barriga con lo que me gusta), buena, lo que se dice sana, no es. 
Así que al hecho de sentirse defraudada por la actitud de ciertas personas, se suma la mente rumiante y acaba convirtiéndose en un sentimiento más feo, más pesado y más oscuro de lo que estoy acostumbrada a sufrir, y me niego a seguir sintiéndolo. 

Valga pues este texto, para enterrar esta sensación, para aceptar que la vida de los demás es suya y para dejar volar a quien no permanece en la misma ramita del mismo árbol que tú, con las mismas canciones en el pico de oro de la existencia divina y humana de la amistad. Que el bosque, queridos, es muy amplio, y los pájaros que en él habitan y los cantos que profesan, por suerte, también. Y eso está bien. 

Gracias por aguantar mi confesión y por permitirme el descaro de pensar- en voz alta- que puedo domar los diablillos que de vez en cuando se me aparecen... (¡Baix, baix! ) 

lunes, 20 de junio de 2022

Box 2.3

Hace poco menos de una semana he empezado una nueva etapa en mi vida profesional. Sigo en el mismo hospital, pero ahora estoy en críticos en una unidad pediátrica y, de momento, no me he adaptado mal. Los compañeros ayudan mucho, la verdad es que hay buen equipo. Además, me he dado cuenta de que los años de profesión y la experiencia pesan más de lo que creía. Antaño me habría puesto muy nerviosa antes de cada turno, y me habría aturullado probablemente con información de los pacientes, fruto de esos nervios. Hoy, me siento segura ante una gráfica, y, aun sabiendo que tengo muchisimo que aprender de canalizaciones, maquinaria, medicación y protocolos de cuidados en UCI, la verdad es que me defiendo bastante bien. 

Eso sí, qué diferente se ve todo cuando eres madre. Mi cabeza consciente está puesta hoy en el box 2.3, pero la parte subconsciente está en un tercer piso, tumbada en una cama y huele a colonia de bebé. Y está luchando por no comparar la suerte de uno, con otros a los que estamos cuidando mis compañeros y yo en esta noche de primavera. Aun con el alma partida por ver que la alegría puede esfumarse en un momento, tragar saliva y bloquear otros pensamientos para poder seguir. 

Qué duro es, pero qué gratificante pensar que haces todo lo que puedes. 




lunes, 30 de mayo de 2022

Sin sal

Lastre. Pendiendo de la capa una cadena pesada de sentimientos contradictorios, de pensamientos dislocuentes, de sensaciones asfixiantes. 
Ira. Enfado con el mundo, con la vida, con las personas que habitan los pasajes secretos de sus lóbulos y coronarias, con el pecho tan ardiendo que enciende una pastilla de carbón con sólo acercarse. 
Calma. Que repite y ecoriza en la cabeza que quiere estar vacía de resentimiento. Y mira el horizonte con paz, y guarda el pasado con anhelo, con tristeza de lo que pudo haber sido, con nostalgia de lo que ahora es. 
Lágrima de agua dulce, que ya por no poseer, ni sal tiene. 

viernes, 20 de mayo de 2022

Gritos silenciados

Los gritos ahogados son los peores que puedes tener. Por que no se oyen aunque abras la boca o entornes los ojos, o tengas la mirada llena de necesidad. 
Lo curioso es que, realmente, no es que no se oigan o no se vean. La cosa es que pasan desapercibidos por que la persona a la que van dirigida normalmente ha puesto un muro previamente a ese grito. 
Igual está camuflado en una llamada vana de teléfono, o en una caricia inusual en medio de una película, o en un enfado tonto por un vaso mal puesto en el lavaplatos. Está así, ahogado, pero presente para el que preste atención. 
Mal aliado es la prisa, mal aliado es la vergüenza, la despreocupación o el ombliguismo. 
Y los gritos ahogados que encuentran estos compañeros en frente, se hunden en los mares y no vuelven a intentar salir a flote en mucho tiempo, llenando los bolsillos de agua y el corazón de arena pesada. 

viernes, 13 de mayo de 2022

Tren

Que las personas pasamos por etapas diferentes es una cuestión poco discutida a la vez que poco mencionada y menos razonada. 

Bien es cierto que también hay otros cuya línea vital es más plana que plena, y mientras unos viven en la eterna juventud de locuras y azoteas poco amuebladas, otros nacen peinando canas y acumulando responsabilidades más que juguetes en la infancia. 

A mi me recuerda a veces a un vagón de metro. La gente va subiendo y bajando. En ocasiones, te encuentras con amigos o conocidos que pueden llegar a conectar contigo durante un tiempo, y hacerte sentir bien o mal. Pero de repente, se levantan y se bajan, y te dejan en el asiento mirando por la ventana mientras los ves alejarse y te ves alejarte entre túneles y railes. 
Otras veces, eres tú la que llega a la parada, y los demás se quedan en su viaje, pero el efecto es el mismo. 
Diferentes paradas, diferentes etapas. Diferente compañía. 

Y así debe ser, es facil de entender: Aunque quieras tomar otro destino, tu camino es ahora diferente porque tus circunstancias ahora son otras, y también lo son las de los otros viajeros. 

Cada uno con sus necesidades. 

-Lo difícil viene después.- Aceptarlo.