miércoles, 1 de febrero de 2023

Fortuna de gato

¿La suerte existe? La determinación y preinscripción de los hechos en la línea vital de una persona, ¿Está anotada desde que nace un nuevo día? No lo sé, la verdad. Si la suerte se considera destino, no lo veo. Pero si es circunstancial, si de lo que rodea a la persona en un día, en un segundo, depende de mil cosas y el resultado es favorable o desfavorable; entonces la suerte es descriptiva de un suceso. Y ahí sí, qué suerte a veces más agradecida. Qué alivio pensar en lo que ha sido y no fue. Qué temor encapsulado entre puntos, moratones y quemaduras, y qué miedo estar a merced de segundos o centímetros de ser o ya no ser nunca más, si no recuerdo quizás.
Y cuando paras, echas la vista atrás y te notas temblar las piernas y una congoja se te agarra a la campanilla como mono a platanero, ahí notas que te han quitado tiempo de vida, pero a la vez, te la han dado.

Suerte. Bendita suerte, gato. No gastes más vidas, que te quiero a mi lado.


sábado, 17 de diciembre de 2022

Recuerdos de Navidad.

Cuando era pequeña, la nochebuena en mi casa empezaba a ritmo de villancicos tradicionales en cinta de cassette y el vinilo de la familia Montoya. 
Me veo con el disco que atesoro ahora en casa, escrutando los rostros conocidos que esa familia utrerana mostraba al mundo en una foto en blanco y negro en la contraportada. En la portada, Enrique padre, Enrique hijo y Tate Montoya.

Recuerdo correr a contestar al porterillo sabiendo que mis abuelos contestarían al otro lado, volver a toda prisa al salón para aumentar el volumen (a modo de bienvenida) y volver a la puerta para darle un beso y un abrazo y cogerle los abrigos. Cómo esperaba esos abrazos... Cómo me gustaba el olor que desprendía mi abuela en los tiempos en los que el visón no estaba tan mal visto. En sus brazos me perdía oliendo su perfume que, aún hoy, parece traer a veces de una bocanada el aire. Cuando eso pasa, sonrío grande, porque es como si estuviera aquí. Y siempre, un pasito por detrás estaba mi abuelo, siempre en su sitio, alto, elegante, comedido, encorbatado y con una media sonrisita.

Mucha gente dice que las navidades son tristes por aquellos que ya no están. Pero a mí me parece que es una época perfecta precisamente para recordarlos. Con nostalgia, sí, pero para mí era (y sigue siendo) una época muy feliz, y nada tenía que ver con juguetes, sino con la familia, con las luces, los cantos, la alegría y con amabilidad... Porque todo el mundo parece volverse más amable. Y eso es precisamente lo que le hace falta al mundo, y no solo un mes al año.

Sigo esperando el día 24 con ilusión. Sigo queriendo despertarme el 25 con la esperanza de vivir un día de fiesta, el 31 me encanta llegar a las uvas y ver en cuantos bocados se come mi hermano las 12 uvas, mucho menos que 12, obviamente. Me chifla ver el concierto de año nuevo en Viena, esperar la Marcha Radetzky- por muy hortera que parezcan las palmas- y estoy deseando que llegue la cabalgata para agacharme a coger caramelos y ver las carrozas nuevas que la asociación de Reyes Magos de Utrera ha preparado con mimo.
No he perdido esa ilusión. Y ojalá nunca, nunca, la pierda.

Felices fiestas a todos.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Tempus fugit. Un año de amor.

Hace un año llegaste a mi vida. Me gusta pensar que hace más, la verdad, por que ya te sentía revolverte dentro de mi como ahora cuando quieres que te deje en el suelo para gatear. Pero la fecha de tu DNI (que sí, que ya tienes a pesar de la fotografía horrorosa que te sacaron) pone 5 de noviembre. Soy una madre que ve a su hijo guapo y maravilloso, pero la foto del carnet no es tu mejor foto, mi vida... Eso sí, salvando ese detalle de sentirte conmigo mucho antes y de que saliste berreando por aquel aro de fuego antes de lo que se esperaba, literalmente naciste a las 7 y tres minutos de la mañana hace hoy justo un año, con kilo seiscientos treinta, cuarenta y tres centímetros y una naranja guachi de cabecita (veintinueve centímetros de perímetro craneal)
¡Feliz cumpleaños también por aquí! 
La verdad, la garganta ahoga las palabras. Ni si quiera escribiendo soy capaz de contener lágrimas y plasmar lo que siento. Porque escribo esto mientras te acuno en mis brazos, y desearía parar el tiempo y tenerte tan pequeñito y cerca siempre que pueda oler tu respiración... Esa mezcla láctea y de pan con tomate del desayuno, con gotitas de colonia de bebé. Lo huelo, lo vuelvo a oler y quiero guardarlo para siempre en la memoria, porque todos me dicen que se olvida, y eso me da rabia. Casi te absorbo de tanto olerte, no creas que exagero. 

Mi bebé, mi niño, mi amor más incondicional, mi torbellino de colores con pies descalzos. Mis ojos verdes hoy, grises mañana, color de la dulce miel. 
Sigo sin poder expresar el amor tan animal que provocas en mí, tan creciente en cada paso, tan irracional que a veces me da miedo que mi felicidad sea tan dependiente de tu felicidad. Y es que yo antes era una, sola, absoluta, rodeada de gente, con mis dudas resueltas y sin resolver, y ahora, desde ese día 5, la única certeza que tengo es que nunca más seré individua independiente... Porque mis ojos ven a traves de los tuyos, mi alegría va contigo y mi corazón ya siempre latirá en un pecho que no es el mío. Te quiero, Alejandro. 

Feliz vida, mi pequeño colibrí. 

lunes, 17 de octubre de 2022

Maestro

Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos

Yo estaba enamorada de mi profesor de Química. Pero no era un enamoramiento romántico, no. Más bien era un enamoramiento personal, a su figura, a su persona, a su saber estar y a su saber enseñar, a su saber hablar y explicar la materia con una voz que difícilmente superaba los molestos decibelios. Paco a veces parecía que te hablaba en un susurro y suavizaba aquello que te parecía imposible de entender o memorizar. Me fascinaba que, con lo introvertido que era, fuera capaz de dar clases. No puedo contar la de veces que se puso como un tomate cuando sacaba su patita humorística y nos deleitaba con una broma. Ahí terminaba de ganarme. 

Paco era todo eso y más. Un gran profesor, además de un buen hombre. Demasiado pronto han venido a cortarle el hilo. Maldito muro, maldito destino que aguardaban las parcas con esa lana negra que le tenían hilada. 

Hoy habrá mucha gente que te de las gracias. Gracias, de corazón. Porque nunca tuvo precio cómo nos trataste, nunca tuvo precio la tranquilidad que nos proporcionaste en un curso tan trascendental, nunca tuvo precio todo lo que nos enseñaste con una sonrisa tímida en los labios. Nunca tuvo precio nada de eso, y, sin embargo, es el bien más preciado que guardo de mis días de Instituto. Tus clases, tus chistes, tu calma. 
Paco, maestro, tanta paz te lleves como paz nos diste. Tanta gratitud percibas como amor has dado. Que la tierra te sea leve. 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Río de plata

Estoy en la playa, el viento de poniente me ocupa los oídos hasta el punto de perder el murmullo de las olas. Las gaviotas soltean mis pasos y bañan sus patitas mientras saborean no se qué en sus picos mojados en arena. Niños por todas partes recogen almejas, corretean y hacen castillitos con sus manos. Tengo la catedral de Cádiz al fondo, con un cielo turquesa y unas nubes no de algodón, más bien de espuma, como las olas que van mojando mis pies. Voy con las tetas al aire, estas tetas apimientadas y maravillosas que la maternidad me ha transformado, los ojos húmedos tras las gafas de sol y un nudo que aprieta cada una de las cuerdas vocales de mi garganta... Pero estoy tan feliz, que solo echo en falta tener a mi niño a la espalda y compartir con él este momento. Respirar otro aire, otro ambiente, olvidar y pensar que quizá sea otra etapa sin dejar puertas abiertas pero abriendo agujeritos en las paredes. 
La libertad que siento aquí, reconciliándome con la Caleta, saboreando un café de chiringuito y con un libro en el bolso es complicado encontrarlo en el día a día. Soy tan diferente ahora y a la vez tan igual a la que vino la última vez, que me asombra pensarme así, como estoy ahora, hace unos meses. Después de todo, nadie se baña en el mismo río por dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña. Al menos eso decía Heráclito, que debió ser un tipo bastante listo.
Y es que así me siento... Nadadora en un río de plata que nunca es igual que ayer, el mismo que desemboca siempre en un mismo y a la vez diferente mar. 


domingo, 28 de agosto de 2022

Pertenencia

A vueltas con el calendario. 
Mente frágil, olvidadiza y olvidada, tapada con excusas e incapaz de poner orden. Cuando los sentimientos toman el control, la mente se estimula tanto que coge velocidades de vértigo sin llegar a ningún sitio. Y se amontona como los vagones en una colisión de trenes, y se aturulla como una madeja de lana que se ha guardado sin cuidado de liarla bien. Y así, pasan las horas, y se van vistiendo de lejanía pensamientos aliñados, apiñados y sin guía, que no pueden ya ni guardar las formas. 
Para qué. Ya de nada sirve. 
No siempre se recibe lo que se da, pero se da lo que uno es... Y eso, dicen, es lo importante. Aunque ahora pierdas más que ganes, llores más que hables y dejes ir, como la brisa a la espuma del mar, lo que una vez te pareció no tuyo, pero sí algo a lo que pertenecías. 

martes, 16 de agosto de 2022

Pajaritos en el aire

Empiezo a escribir esta entrada como parte fundamental de la expiación de mis demonios. Porque una puede sentirse defraudada por muchas cosas, y ese sentimiento debería quedarse ahí para irse diluyendo en el tiempo como se disuelve el azúcar en una taza de café. 
Pero claro, me enseñó Paco, mi querido profesor de Química, que toda mezcla tiene su punto de concentración máxima, y que cuando no admite más, acaba por tener restos sin disolver. 
Y ahí entra en juego de nuevo ese sentimiento, que de tanto pensarlo se convierte en la mezcla de colacao que se queda en el fondo del vaso y tienes que raspar con el estropajo. Por muy bueno que te parezca esa mezcla de azúcar sin fin (pocas cucharadas me he metido entre culo y barriga con lo que me gusta), buena, lo que se dice sana, no es. 
Así que al hecho de sentirse defraudada por la actitud de ciertas personas, se suma la mente rumiante y acaba convirtiéndose en un sentimiento más feo, más pesado y más oscuro de lo que estoy acostumbrada a sufrir, y me niego a seguir sintiéndolo. 

Valga pues este texto, para enterrar esta sensación, para aceptar que la vida de los demás es suya y para dejar volar a quien no permanece en la misma ramita del mismo árbol que tú, con las mismas canciones en el pico de oro de la existencia divina y humana de la amistad. Que el bosque, queridos, es muy amplio, y los pájaros que en él habitan y los cantos que profesan, por suerte, también. Y eso está bien. 

Gracias por aguantar mi confesión y por permitirme el descaro de pensar- en voz alta- que puedo domar los diablillos que de vez en cuando se me aparecen... (¡Baix, baix! )