martes, 26 de agosto de 2014

Gracias Gordita

Mil caricias te di y mil recuerdos me quedan de cada una de ellas. Hoy sólo tu pérdida empaña la sonrisa que siempre me provocaste. No habrá animal más noble que tú, criatura más tierna y amor más sincero que el tuyo. Muchos dirán que sólo eras una perra (qué perra!), pero tú y yo sabemos que eras mi gordita peluda. Solo me queda agradecerte por hacerme feliz con una mirada, un remolino de tu larga cola y un toque de hocico en mi mano. Esas pequeñas cosas que te hicieron el animal más bonito de la tierra. Gracias Maná.

domingo, 24 de agosto de 2014

Tu sitio

No hace falta no tener orientación para andar perdido. Basta tener la mente inquieta en el lugar donde te hallas y los pies bailando sobre una superficie llameante. Es fácil sentirse perdido hoy día. Supongo que como en todos los tipos de crisis vitales, el cuerpo reacciona según la mente direcciona. Y así corremos por caminos sinuosos sin ver el final del cataclismo en el que nos hallamos sumidos.

Ayer me encontré un poquito más. 

Un cajón con su contenido puede significar mucho. 

A veces basta con elegir un buen compañero de viaje.

martes, 19 de agosto de 2014

Instintos Básicos

Un pisotón en el pecho a veces duele menos que la sensación de no controlar aquello que te pavoriza. Es el temor a lo desconocido, a lo que se escapa de tus manos. Ansia, congoja, angustia y preocupación que bailan en lo psicosomático y hacen la puñeta a más de uno. La caja torácica parece estrecharse tanto que son los pulmones y no las cuerdas vocales los que gritan pidiendo auxilio en forma de aire.

Esa es la mejor forma de controlarlo: Respirar. Eso y buscar el confort de quienes nos protegen bajo su brazo de un sentimiento desagradable, y nos liberan de las cadenas que envuelven los sesos y el alma. También nosotros podemos protegernos y cortar los grilletes del miedo.

No es de cobardes huir, pero a veces tampoco es necesario salir corriendo. Calma. Abre los ojos y mira, que todo llega. Respira, se de qué hablo. Respira.


sábado, 26 de julio de 2014

Ana Y David

A horas de dar el Sí, quiero, debe haber en sus estómagos una mezcla de comida (la que haya entrado) y nervios. Pocas parejas viven a los treinta la pasión de los quince con el amor y el respeto de los cuarenta.
Debe ser porque la vida les ha hecho felices, pero también los ha hecho partícipes de distancias y debates vitales con cirujanos de por medio; y eso, amigos, da madurez y solidez a la relación.

No me cabe duda que hoy lo pasaréis (pasaremos) bien. Que hoy brillarán esas sonrisas a las que nos tenéis acostumbrados más que nunca. Porque vosotros sabéis lo que es disfrutar del día a día. Y hoy es vuestro día...

Feliz día, feliz vida.

Medicina del mundo

Besos sinceros, bonitos, besos de amor y amistad, de cariño o compromiso, de saludo, de triste despedida o confusos hasta luegos. Besos a medias, besos enteros, largos besos con recovecos y besos fugaces, robados, inquietos en los labios del que quiere besar, pacientes besos y apasionados. Besos de madre, de hermano, besos de alivio y de celebración, de tonteo, de juego de la botella y tercer compañero al atrevimiento y la verdad. 

Besos. Besos. Besos. 

XXX




viernes, 25 de julio de 2014

La profesión más bonita del mundo. No se admiten réplicas.

Me he tenido que levantar. Lo juro. No he podido resistirme. Flechada me he venido al ordenador llorando como casi nunca por la felicidad que me produce ser enfermera. Hoy lo he recordado al ver el documental "Ángeles Sin Alas", de la Unidad de Quemados del Hospital de la Paz de Madrid. (Para ver el vídeo, haz clic aquí)

Estoy llorando por corroborar que esos compañeros que están en los puestos sanitarios a lo largo de la geografía española, a pesar de los recortes y el sobretrabajo, rebosan humanidad. Y es verdad, hay compañeros que la monotonía o el cansancio les han podido y han perdido esa chispa que debieran tener. Pero puedo asegurar que esto que he visto en el documental, lo he vivido en cada lugar en el que he estado en mi paso por la Sanidad Pública.

Lloro porque me siento identificada con cada cosa que han dicho en ese vídeo de nueve minutos. Ese vídeo que me ha obligado a salir de la cama para escribir esto que me sale de dentro. Porque siempre quise ser enfermera para poder paliar sufrimiento, y NO, nunca, pero NUNCA, voy a acostumbrarme a ver la miseria humana; nunca, pero NUNCA, voy a mirar a otro lado si veo a alguien sangrar el cuerpo o el alma.

Quiero ser enfermera. Me gusta ser enfermera. Soy y seré enfermera. Hoy lo he vuelto a recordar en medio de esta oscuridad laboral en la que a veces me hallo. ¡Soy enfermera, joder!

Gracias, de corazón, a todos mis compañeros. En especial a esos que hacéis que esta profesión sea la más bonita del mundo:


Si puedes curar, cura. Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela. 

miércoles, 23 de julio de 2014

Eso que me apetece

Vuelve a ser de noche en la ciudad. Me he sentado en la terraza a dejar que mis dedos busquen palabras ocultas en las teclas del ordenador. No puedo dormir por varios motivos, aunque el más importante sea la presencia de uno de esos pensamientos que coquetean de oreja a oreja, esquivando ser resueltos escondiéndose tras las cuencas de los ojos. Eso y el puñetero cuello que se empeña en hacerme notar que estoy en una montaña rusa cuando lo que tengo en frente es el techo de la habitación. Al final tendré que hacer uso de la farmacia casera para relajar un poco la musculatura y poder dormir algo, aunque intento evitarlo a toda costa... ya se sabe: en casa de herrero, cuchara de palo. 

Se adivinan a lo lejos al menos cinco o seis cantos de grillos y un ladrido de algún perrillo que no le gusta lo que ha oído, olido o visto. A pesar de no ser demasiado silenciosa, la verdad es que la noche al aire libre está apacible, para echar un colchón en la terraza y dormirse viendo las estrellas si la contaminación lumínica lo permitiera. 

Este año no me pierdo las Lágrimas de San Lorenzo. Llevo muchos veranos queriendo ir sin encontrar plan, pero esta vez me voy aunque sea sola. Serán un par de noches cortas para observar decenas de estrellas fugaces, y esa ya es bastante compañía. Me avituallaré con una sudadera ancha, un par de mantas (una para el suelo y otra por si me entra fresco, que soy muy friolera) y unos buenos calcetines e iré en busca de la zona más oscura para poder ver luz en un Agosto que, parece, se presenta complicado. Será una buena terapia antiestrés o un buen enlace entre días de trabajo. Lo único que se es que me apetece, y ha llegado un punto en mi vida en que me apetece hacer... sencillamente lo que me apetece.