Mostrando entradas con la etiqueta Personas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personas. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de julio de 2013

Personajes VII

A cualquier persona de Utrera, las de toda la vida de cierta edad, a la que le hables hoy día de él, se le ilumina la cara y asiente con gesto amable, pues era una persona conocida, respetada y amada ¡¿Cuántas veces habré dicho eso de "soy nieta de..." para identificarme?!

Mi abuelo fue un caballero en presencia y esencia. Elegante, amable, educado, todo un Señor. Buena persona como pocas ha habido y habrá en este mundo. 
Algunos creerán que su vida fue fácil, pero se vió sacudido demasiado pronto por la muerte de hijas y esposa, quedando dos de sus hijos aquí en este mundo para quererlos. Nunca dejó de hacerlo con las ausentes. Ni con Mercedes tampoco. Padre también para sus hermanos, y su familia junto con Dios, para él lo más importante.  

Siempre aceptó lo que la vida le daba... y le quitaba también. Religioso a más no poder, se refugiaba en sus rezos. Hombre culto, lector matinal de periódico diario, sentado en la silla de acero con su copa de oloroso en la terraza de El Bosque, bajo los toldos de rayas, enfundado en su traje de chaqueta con corbata incluida. 
Tenaz, metódico, podría ahora mismo describir en horas y actos su día a día, desde que se levantaba y afeitaba hasta que se tomaba su nescafé nocturno en la cama, dejando la taza en la mesita de noche. Sus anécdotas... las historias que te contaba con esa media sonrisa en los labios las recordaré siempre. Y sus dos onzas de chocolate de rigor después del almuerzo. Y su tinto peleón. 

Os prometí que un día os iba a hablar de él, y así lo hago, con el orgullo de ser nieta de quien era y es, y llenándoseme los ojos de lágrimas al recordar que murió como vivió, con dignidad, sin dar ruido, pero con paz y aceptando que era aquello lo que tocaba ahora. Gran lección de vida la que me dio aquella noche.

Este personajes que han influido en mi vida va para Don Rafael en el aniversario de su muerte, y porque todos los días, se cumplan o no años de su ausencia, me acuerdo de él. Don Rafael, mi abuelo Rafa, caballero de la cabeza a los pies.







(Manuscrito encontrado en hoja de papel de un libro de mi abuelo: Costumbre y carácter. "Siembra una obra buena- dice un filósofo inglés- y recogerás la buena costumbre; siembra la costumbre, y recogerás carácter; siembra el carácter y recogerás tu suerte"

lunes, 14 de mayo de 2012

Personajes I

Pensando esta tarde, se me ha ocurrido que hay muchas personas que uno se encuentra en su caminar que puedan llegar a calar hondo en el corazoncito del caminante. Por eso se me ha ocurrido ir, de vez en cuando, hablando de personas que para mí han marcado mi vida y me han hecho tal y como soy ahora.

Hoy,no se porqué, se me ha venido a la mente una en concreto, y os quiero hablar de ella.

Los que de verdad me conocen saben de mis creencias y aficiones y, a favor o a pesar de ellas, hay una persona con la que no me importaría tener horas y horas de conversación incluso de temas en los que seguramente discrepemos y en otros que lo más probable es que tengamos pensamientos paralelos.

Sé, estoy segura, de que es una persona muy querida en Utrera, mi pueblo natal y su pueblo de adopción. A esta mujer se le conoce como Madre Maria del Carmen y es una religiosa de la Sagrada Familia, el colegio donde estudié y me crié hasta los dieciséis años. Fue únicamente mi profesora de matemáticas en sexto de primaria. Un único año donde, la verdad, aprendí bastante de una materia que nunca me gustó. Entre tanto, hacía labores también de dirección en el Colegio.

Pero no os voy a hablar de su trabajo en las clases o en el despacho, os quiero hablar de su forma de ser, dulce como el caramelo, de la forma en la que hace sencillas las cosas, la forma en que te pregunta mientras te mira a los ojos, esos que esconde detrás de unas gafas, y en los que ves (al menos a mi me pasa) sinceridad, carisma, cariño... El otro día, en las largas esperas a consultas en un Centro de Salud tuve la suerte de compartir asientos contiguos, y ella, siempre con la sonrisa y la media voz, con el acento del norte siempre presente, me pregunto por mi familia, mi trabajo, mis inquietudes y hablamos de la Vida. Escuchó como pocas personas escuchan, y habló con la certeza que dan los años bien llevados, con una cabeza bien amueblada y a sabiendas de que los tiempos cambian como cambian las estaciones del invierno a la primavera. No se qué edad tiene (dice mi madre que ella la conoció igual que está ahora), pero lleva muchos años encima y, aunque la veo más delgada y mayor, cada vez que la veo sigue desprendiendo ese aura de tranquilidad, de sinceridad, de dulzura... De paz.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El bueno y el feo, malo.

Dicen que hay muchos tipos de personas, pero yo solo creo que hay dos tipos. Las buenas y las malas. A partir de ahí evidentemente hay niveles de bondad o maldad, pero obviando eso, sólo dos tipos de personas. Las malas suelen esperar que te ocurra algo malo, incluso pueden llegar a provocar una situación que lo facilite y después se jactan de ello, sea en público o en privado. Las buenas intentan todo lo contrario, claro.

A lo largo de mi, quiero pensar, aun corta y a la vez previsiblemente larga vida he ido encontrándome con más personas buena que malas, pero sin duda las malas son las que más me han sorprendido. Y digo sorprendido por el simple hecho de que no entiendo su actitud, y así se lee entre líneas que yo me considero del grupo del aura limpia. Es curiosa la mente humana... A las personas buenas generalmente le atribuimos también dotes físicas bonitas, y si la madre naturaleza parece no haber agraciado de belleza a dicho ser, suavizamos los rasgos si éste ya pasa de ser una persona  buena a una persona amiga o conocida con cariño.
A las personas malas, sin embargo, solemos verlas más feas, fruto del rechazo que normalmente provoca la maldad en el humano. Así yo puedo pensar que una amiga es la belleza personificada; y una chica que antaño lo fué y se desenmascaró echando más telarañas de las que pudo contener se convertiría en un adefesio venida de tierras lejanas.

Lo cierto y verdad es que cada uno tiene una visión de cada persona que conoce, poniendo al sujeto más alto o bajo en la escala de bondad y maldad o de belleza interna y externa. Pero el que es malo, por mucho que sus allegados tapen sus ojos con vendas de seda y disfracen sus atrocidades con excusas banales, tiene en la mirada desorden y caos y un saco en su costado repleto de frutos podridos y semillas ingermes provenientes de cosechas plantadas en una ciénaga que él llama, erróneamente, jardín.