miércoles, 20 de agosto de 2025

Martín

Hola, bebé! Qué lejos estamos y qué cerquita te siento, pequeñajo. Familia aún antes de nacer, sangre elegida, hilos kilométricos que ninguna linea de ave puede cortar, sino unir alguna que otra vez. Ojalá tenerte más cerca físicamente para poder achucharte de vez en cuando, y verte crecer sin pantallas de por medio, mi dragoncito, que por mucho que andes en la capital, tu sangre tiene tintes condales y la fuerza de un dragón. 

No sabes la suerte que tienes, Martín... Porque un reguero y mundo y medio de gente, ahora mismo, está deseando conocerte y darte la bienvenida a sus vidas. Y no, no sabes la suerte que tienes, porque has ido a venir a una ciudad preciosa, llena de oportunidades. Pero más aún te digo, que no sabes la suerte que tienes, Martín, porque has nacido con una mamá y un papá que te adoran, que son buenas personas y que van a cuidarte, a protegerte y a acompañarte en esta aventura que es la vida. 

Bienvenido, pequeño dragón. (Ya)Te queremos muchísimo. 

-16/08/2025-

martes, 22 de abril de 2025

Soplar las nubes

Siempre me ha fascinado ver cómo descansas. Me da paz ver tus movimientos lentos, rítmicos y calmados.
Mirarte mientras duermes, con tus respiraciones pausadas y tranquilas, sano, fuerte y tan frágil a la vez; me parece hoy más que nunca, magia

Hoy ha sido un día de mierda en el trabajo. De esos días que te pellizca el corazón, se te coge la congoja en la garganta y te cuesta hasta tragar saliva. Hoy ha sido un día de despedidas de pacientes y familias. De dos chiquititas que han tenido poca vida y mucho sufrimiento, pero mucho mucho amor y cuidado. El amor profesado por sus padres, jabatos, a pie de cama, velando por cada aliento y meciendo cada cabello de sus melenas. El cuidado de los que las hemos acompañado hasta última hora, aún con lágrimas en los ojos.

Qué injusto todo, pequeño. Y no puedo más que dar las gracias porque te tengo aquí, a cinco metros de mi, durmiendo en tu cama. Te he besado. Te he abrazado y hoy nada me parece suficiente. Porque pienso en esos padres y pienso en esas niñas y se me parte el alma. Qué injusta es la vida a veces, pequeño. Qué injusta.
Hoy maldigo mi vocación y me maldigo a mí misma por no ser capaz de parar estos pensamientos invasivos y esta pena que comparto con mis compañeros. Y tendría que parar, pero hoy no puedo. Al menos, como dice una amiga, consuela pensar al mirar al cielo que los problemas y el dolor son como las nubes, y acabarán pasando.

Volad alto. Cerca o lejos. Pero volad, y no olvidéis soplar las nubes.



viernes, 14 de marzo de 2025

Claridad

Vuela, mi pequeño, salta sobre los charcos, mójate la cabeza de ideas propias y no te achantes por otras opiniones, pero escucha y respeta. No te escondas detrás de tu vergüenza, pero se prudente, habla templado y despacio, y no olvides gritar ante las injusticias. Se mejor de lo que yo pude o supe, pero se tú mismo; inquieto, curioso, retador. Sobre todo, intenta ser buena persona, porque únicamente así se puede además ser feliz. 
Y anda, pequeño; vuela, salta y corre también contra el viento, y recuerda que en una calle mojada por tremendos chaparrones, aún hay al final claridad hacia donde ir.

miércoles, 12 de marzo de 2025

Vivir con miedo.

(Aviso importante: Borrador antiguo- entrada publicada más de dos años después de escribirla) 

Ocho son los meses que casi llevas aquí, y me pregunto muchas veces si ya me he acostumbrado a tí, a tenerte como ahora, entre mis brazos, dormido tras el baño, plácidamente respirando mientras beso tu frente. O si, cuando no estás, mi mente viaja hasta encontrarse con la persona que era antes de tí. Sigue ahí, aunque creo que tardará en volver y nunca lo hará completamente. 
Ahora soy más cauta, me noto más tranquila, más llena. Pero he de aprender lo que tantas veces me dijeron, y que no llegaba del todo a comprender. Tengo que aprender a vivir con miedo. Por que tengo miedo desde que supe que venías. Un miedo expectante al principio, aterrador los primeros días cuando te veía entre tanto elemento médico, y más asentado ahora, tras más de treinta y cinco semanas a tu lado (más, mi vida, que las que estuvistes dentro de mí). 

Pero tengo miedo. Tengo miedo a cualquier cosa que te perturbe. La picadura y hasta el zumbido de un mosquito, un golpe, un ruido estridente, una arcada en medio de una comida, un rayo de sol que frunza tu seño. Hasta el hipo, que parece no molestarte lo más mínimo, me retumba en mi cabeza y quiero mandarlo lejos cuanto antes. Y lucho por no emburbujarte y dejarte sentir, explorar, vivir, prueba y error, picor, dolor, alegría, frustración. 

Y tengo miedo a olvidarte.Tengo miedo a olvidar tu carita de ahora, como casi he olvidado la carita de hace 8 meses. Bendito Daguerre (también sus predecesores) y su daguerrotipo, por hacer posible guardar las imágenes que proyectamos en la retina no sólo en la memoria... ¡Pues qué efímera y traicionera es!
Porque tengo miedo a olvidar tambien aquello que no se puede fotografiar. Como tu piel bajo mis caricias o tu olor a leche y crema. A olvidar tu sonrisa cuando me ves aparecer y tu puchero cuando algo no te sienta bien y las miles de expresiones que pasan por tu semblante en minutos. Tengo miedo a olvidar esta sensación de explosión en el pecho, de calor, de plenitud, de felicidad cada vez que te ríes a carcajadas y tus manos me agarran mi cara, frente a frente, para buscar con tu boca mi barbilla o mi nariz. Tengo miedo a olvidar el golpeteo de tu mano en mi hombro cada mañana, cuando aún estamos en la cama y yo lucho por seguir dormida mientras tú cantas, a tu ritmo y en tu idioma. 







viernes, 21 de febrero de 2025

Cactáceas

Elena es una de esas amigas cactáceas. No necesitan que las riegues todos los días para saber que siguen respirando, acumulan agua en cada visita y están bien henchidas cuando las necesitas. No es una amistad de pillar el teléfono y contarnos las penas o las alegrías, pero aún así lo hacemos cuando estamos juntas. No es una amistad de salir de marcha o ir al cine. Pero los cafés con ella saben a gloria, aún sin hablar de cosas relevantes. El silencio también es bienvenido, y para mí, nada incómodo. 
Es una amiga, casi hermana. Una hermana sin ser de sangre, pero con la misma sensación de pertenencia. Es familia. Es calor y es risa. Y sinceridad. 
No hay preguntas incómodas. No hay juicios ni prejuicios. 
Solo hay amor, del bueno, del que dura toda una vida. Porque eso es lo que llevamos juntas. Más que una vida: bastante más de treinta años. 

Y lo mejor de todo es que pocos años me parecen. 

martes, 5 de noviembre de 2024

T R E S

Cuando oí la primera vez tu corazón fue totalmente en silencio. No fue como soñé, pero juro que no lo cambio por nada. En aquella sala, en pijama de trabajo y con miedo de que ya no estuvieras, lo oí sin oírlo. Lo escuché aún teniendo el doppler apagado, aun cuando solo se veía una manchita latiendo en medio de tanto gris y tanto negro y una voz que decía palabras técnicas que yo bien entendía, pero que no acababa de creerme. Feto en cara posterior con latido. Fue la primera vez que supe que estaba embarazada y que estabas ahí. A pesar de todo. A pesar del susto de ese día, y a pesar de que no sería el último, estas aquí.
Y ahora que todo eso parece tan lejano, cuando cantas, cuando se te ilumina la cara porque ves a la gente a la que quieres, cuando vas al parque y te falta tiempo para buscar un compañero de juego o me preguntas por personas que has visto una vez en la vida meses después de haberla visto, me pregunto cómo es posible que un pequeñajo como tú haya crecido tan rápido, cuando hace a penas 3 años estaba yo notando las primeras contracciones dos meses antes de lo normal. Y me pregunto si estoy preparada para acompañarte y seguirte en tus pasos de una manera tan vertiginosa... Que hasta para nacer fuiste veloz, puñetero.
Pero sí, aquí estás, mi pequeño colibrí, haciéndome la vida infinitamente más feliz. Corriendo en vez de andando y saltando en vez de bajando. Haciendo mis días más divertidos, más cansados y con un amor incalculable que sigue creciendo. Porque cuando te ríes, cuando miras con la puntita de la nariz apuntando hacia abajo y una media sonrisa en la cara; se me para el mundo, y solo puedo quedarme quieta para ver qué se te ha pasado por esa cabecita traviesa.
Y soy tan feliz y me siento tan afortunada que se me pone cara de tonta enamorada. Porque así me tienes, mi niño. Estando cada día más segura de que eres el verdadero amor de mi vida. 

Te quiero, Alejandro; feliz cumpleaños, mi amor; feliz vida.

martes, 22 de octubre de 2024

Incomparecencia

El sentimiento más feo que se puede tener con una persona no es el odio, o la envidia. Bajo un punto de vista más emocional, aún si cabe, para mí, lo peor que puede hacer una persona es defraudarte. Quizá porque se revierte el peso de la culpa en tí, porque tú esperas que haga algo que no quiere, no puede o no sabe cómo hacer. Y es esa persona la que lo hace, pero a ti se te queda cara de tonta esperando algo que no llega ni aunque le abras las puertas con alfombra roja y orquesta sinfónica de Viena.

Lo segundo más jodido, para mí, es la mentira y la fábula. Como decía aquel pasaje de la eucaristía: "de palabra, obra u omisión".

Y así, llegamos al culmen del proceso anterior que es el noqueo y el enfado posterior. ¿Cuánto dura todo? Pues entre uno y mil. Póngase el apellido que se quiera para delimitar tiempo ilegitimado y vagamente formulado.

Pero llegará el punto y final. Y la paz. La calma. La dicha. El sosiego y la seguridad de no necesitar más de lo que ya se tiene y se es. Llegará.

Punto y final.

sábado, 12 de octubre de 2024

Eloy y Luisma


El amor puede tener muchos símiles. Uno, quizá el más extendido, es el de una flor a la que hay que regar para que no se marchite. A mí me gusta más pensar en él como un árbol, fuerte, robusto, con grandes raíces que soporten viento y tempestades, y con ramas que te hagan tocar el cielo, acariciar el sol y te den cobijo en la tormenta.



Ojalá seáis árbol el uno para el otro. Os deseo que os cuidéis, que os brindéis el agua, el aire y la luz que necesitáis, y que brindéis cada noche porque os hacéis mas fácil el camino en esta vida. 
Juntos.
Feliz vida, amigos.

martes, 1 de octubre de 2024

Disociación

¿Sabes cuándo empiezas a escuchar algo, una palabra o una expresión, y ya no solo no dejas de oírla si no que parece repetirse hasta la saciedad? Puede que sean modas y tendencias, como la resiliencia, que siempre ha existido pero ahora hay mucha gente con esa palabra grabada con tinta en la piel. 
Quizá porque no es tan políticamente correcta- o mentalmente amable- la palabra disociado/a nadie se la tatúa, y sin embargo hay una plaga de gente que podría ponérsela bien grande en un lugar visible, por aquello de entender porqué carajo se comportan como lo hacen.

La salud del ser bio- psico- social (caracteristicas que ya he repetido en alguna ocasión en este (mi) espacio) que es el humano, tiene una dimensión infinita, proyectada precisamente en esas tres esferas. Cuando una cojea, la salud se va a tomar por saco y el holismo se vuelve loco, a tal punto que cuerpo, mente y relaciones a veces dejan de estar unidos para disociarse. Y ahora a ver quién los junta de nuevo. 

Y ahí estamos. Como espectadores videntes de futuros futuribles o no, factibles o imposibles, pero ansiosos y enfadados por las disociaciones y los disociados. 

Qué eufemismo de palabra, cuando lo que de verdad quiere decir es que esa en la que está es una situación hijaputista. Porque, encima, los disociados que no padecen el mal grave, no saben a veces que lo están (disociados, digo), con lo que no buscan ayuda ni sostén que les sostenga. 

Y ahí siguen, haciendo un verdadero Titanic: Velocidad crucero directos al iceberg.

lunes, 19 de agosto de 2024

Impasse

El desarrollo de la vida tiene mucho parecido a la música en general. 
Hay canciones para todo, de todo tipo, diferentes épocas y de todos los gustos. Hay canciones movidas, con acordes y notas rápidas, vibrantes, con momentos de plenitud y euforia. Y canciones tranquilas, con sonidos pausados y calma en sus pentagramas. Así, también dependiendo del día, del ánimo o de la propia temperatura de la tierra y de la época del año, apetecen mas unas canciones y otras: unas piezas de jovial allegreto, fresquitas de arena y mar y chiringuito, u otras de mantita y sofá, de chimenea y música envolvente que te abraza y te mima.
Y en todas ellas hay compases de espera. Esos que dan pausa, empaque, o aquellos que hacen que se decida la melodía hacia un final esperado, hacía uno impensable. Hacia uno desastroso o hacia uno brillante. La guinda del pastel, un final estiloso, a la altura, excelente, o funesto, predecible y calamitoso. La resolución tras el impasse, a fin de cuentas.

La buena noticia es que la música seguirá sonando, y, como música que es, cambiará según el día, el ánimo, la época, el tiempo y las manos que las crean, las toquen, las escuchen y las disfruten. 

Todo pasa, y siempre algo queda.

sábado, 15 de junio de 2024

J

Hablar de J ahora mismo me resulta doloroso. No puedo ni imaginar qué estarán pensando esos padres que han aguantado como jabatos desde hace a penas un par de meses, justo desde el diagnóstico de la enfermedad de su hijo.
Antes de ayer lo vi en los ascensores. Venía de hacerse una prueba y lo vi mejor, con esa mirada suya penetrante de ojos claros y limpios, y esa sonrisita de medio lado que se le pone a veces. Es guapo el tío. Y bien hecho, aunque ahora su cuerpo esté batallando y tenga muchas cicatrices por dentro y por fuera.
Pero no me esperaba encontrármelo otra vez al día siguiente con esa fragilidad tan extrema. No así. Un guantazo sin mano de los que te cruzan la cara. Puta vida.

Son de esos pacientes y de esas familias con los que conectas. Te sientes parte importante de su proceso, de su vida, e intentas por todos los medios minimizar los golpes que puedan venir desde un punto de vista holístico. Bonita teoría. Empatía y ya. Pero claro, tu estás ahí también, poniendo mente, pero a veces pasa que te roban el corazón. Y cómo duele. Joder, cómo duele.

Y no te tragas una maldición porque no te da la gana. Y rezas a la vida para que le dé oportunidad de ser feliz y de vivir muchos años al lado de su gente. Y maldices de nuevo, porque sabes que J será como Manuel, mi chicarrón (ya de 18 años) de ojos negros y alma de oso amoroso. 

Y te vas a casa, pero no te vas. Te lo traes al sofá y lo piensas y lo repiensas. Y maldices el momento en el que decidiste dedicarte a esta profesión, pero bendices el momento en el que lograste sentir su cuerpo relajado después de un día de mierda, que dió paso a un sueño reparador. 

Y esa es la perfecta y puta dicotomía de la profesión más bonita del mundo.


domingo, 21 de abril de 2024

Salud perdida

Hoy siento dolor. Dolor y ansiedad. Ha sido una noche en el trabajo no demasiado buena, pero tampoco demasiado mala. La inestabilidad de signos virales es constante en la unidad en la que me ha tocado, pero dentro de esa inestabilidad, hoy no ha ido mal, diría incluso que mi pequeña paciente está algo mejor que como me la encontré.

Y si embargo siento un dolor profundo, y me oprime el pecho. A la vez, siento una gratitud enorme cuando pienso en mi hijo sano y feliz, y vuelven los pensamientos a ese box y a ese sillón ocupado por esa madre o ese padre. Y se me vuelve a partir el alma.

"No se cómo puedes, yo no podría trabajar allí". Si me dieran un euro por cada vez que he oído esa frase no viviría en un piso de 59m². Puedo porque, de vez en cuando, y solo de vez en cuando pago un peaje. El peaje de la impotencia, de la pena, de la calma tensa en mas noches, de las lágrimas en la ducha, de la ansiedad, del llevarte a casa todo y nada, de pensar en lo que pudo ser o lo que será, de lo que es, de cómo está, de su familia, de los abrazos y los apretones y los ánimos que les podemos dar cuando por dentro estamos rotos. Cuando sabemos, de sobra, que aún quedan jarros de agua fría para esos maltrechos padres. Cuando tenemos claro que vivir no solo se trata de respirar. 
Y siempre pienso que cualquier ser humano podría trabajar donde nosotros, donde hoy hemos estado, claro que podría... Somos supervivientes natos, el poder de resiliencia es maravilloso, universal, humano, y a la vez casi animal. Pero entiendo que no todo el mundo quiere pagar ese peaje, y entiendo que no todo el mundo es capaz de ver también, y sobre todo, lo hermoso de encontrarte fuera de la cama de la UCIP que una vez ocuparon, a centenares de pequeños con una vida plena y digna, y una familia que da gracias por recuperar la salud perdida.


martes, 2 de abril de 2024

Replay

Hace mucho que no me paso por aquí. A lo mejor que la vida me atropelle tiene algo que ver, pero siento que, con este abandono de palabras, también me he abandonado un poco a mi misma. Es, literalmente, una pausa al blog que va unido a una pausa, en el sentido más figurado, en mis pensamientos. Y no. No es que mi cabeza se haya quedado parca en palabras, es que los dedos no han encontrado el momento de plasmarlas por aquí.
En la medida de lo posible, como deseo de segundo trimestre del año, quiero volver.  (Volver. Esa palabra que tanto me gusta)

No ha habido grandes cambios fuera de estas letras. Bueno, sí. El tiempo pasa tan rápido que me parece una falta de respeto que Alejandro en septiembre entre en el colegio. No se si él está preparado, supongo que sí, que para su madre es el más especial, pero entiendo que para el mundo es un niño (maravilloso) más. Pero yo no, no lo estoy. No estoy preparada para quitarle el pañal, aunque me apetezca mucho. Ni estoy preparada para cambiar otra vez de rutina y decir adiós a sus seños de guarde, que tan bien lo tratan.
Va a estar bien, claro que sí, no me cabe duda; y este duelo tonto, anticipado, irracional y poco verbalizado durará poquísimo. Pero es curiosa la manera que tenemos las personas de adornar nuestra zona de confort, como si fuera el salón de casa. Cuando, además, no somos conscientes de que lo mejor es pasar por las etapas de la vida como se pasa por las salas de los museos: observando y disfrutando las obras de arte que la suerte ha puesto en frente de nuestras narices.

Vamos a darle de nuevo al play. Vamos a dejar de rebobinar y vamos a volver solo en pequeñas dosis a donde fuimos felices, pero sin atraparnos en el sofá del pasado. Vamos a darle al play, no pongamos la velocidad x2, ni hagamos spoilers de lo que viene.

Quiero disfrutar de lo que tengo ahora, de sentirme una mujer afortunada rodeada de gente maravillosa.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Dos años. Mi vida entera.

Mi niño. Mi vida entera.
Hoy hace dos años que llegaste y sigo sin poder explicar el enorme amor que me haces sentir. Cada alvéolo de mis pulmones parece respirar por ti, cada gota de mi sangre, cada latido de mi corazón y cada pensamiento de mis trastocadas neuronas tienen un ápice tuyo. Y me acuerdo de mi vida antes de que llegaras y me parece todo tan lejano... Como si siempre hubieras estado aquí. Cuando me miras y me sonríes, cuando me abrazas, cuando correteas y canturreas, cuando curioseas por la ventana del dormitorio nada más levantarte, e incluso cuando te levantas de mal humor o aparece una pataleta, no puedo dejar de pensar que te quiero tanto que exploto de amor. Solo puedo dar las gracias al universo, porque llegaste a llenar aún más de felicidad mis días, a provocar un tsunami en todos mis esquemas y en toda la casa... Y nunca antes me había gustado tanto el desorden que me provocas.
Por muchos más años disfrutando de ti, por muchos más años a tu lado. Feliz cumpleaños, mi amor. Te quiero, mi pequeño colibrí.

lunes, 3 de julio de 2023

Cantas

Tu voz de bebé va dando paso a una voz de niño, que modulas cuando y como quieres. Ayer me sorprendí con los ojos vidriosos mientras te acunaba en mis brazos para dormirte. Estabas tranquilo, jugueteando con mi cadena, esa que lleva una A: la de tu nombre.
No querías dormir, o quizás sí, y lo que estabas era dándote arrullo a ti mismo. Canturreabas. Lo haces mucho. A veces reconozco lo que cantas. Otras, parece que lo inventas, que lo vas haciendo sobre la marcha, subiendo y bajando notas dentro de una escala del color del arcoíris.
Tuve que sonreír y acordarme de tu bisabuela, esa que tarareaba todo el rato mientras hacía y deshacía, esa bisabuela que no es de sangre, pero como si lo fuera. Si lo fuera- pensé- creería que habría un gen para eso y que lo habías heredado. 

Pero cantas. Cantas mucho y, cuando te das cuenta que te miro, sonríes mientras sigues cantando.
Y yo deseo que ese mundo interior que dice tu Tata que tienes sea tan bonito que te den muchas ganas de cultivarlo con la ciencia de las artes, porque vienen tiempos oscuros, pero los humanos siempre han sabido encender una luz para la esperanza, y tú, mi pequeño colibrí, tienes un todo un sol dentro.

sábado, 10 de junio de 2023

Caro y Juan

Quédate con quien te quiera bien. Con quién te diga "sí, quiero" con los "a pesar de", aún con girasoles boca abajo y sonrisas invertidas.

Quédate con quien te quiera libre, sin ataduras aún con papeles, sin prohibiciones en contramano.
Quédate con quien te quiera sin más, sin pedir más que lo justo, con quién te haga sentir, soñar, volar. También con quién te haga enojar, pero te haga volver. 
Volver.
Volver una y otra vez a tu casa, porque hay personas que son hogar en días buenos y en días malos. Pero sí, quédate con quien te haga volver, volver y que parezca que nunca te has ido.

Feliz vida.

jueves, 6 de abril de 2023

Soltar

Pensando en canciones, las hay movidas y lentas; de muchos estilos musicales, con notas, acordes y puentes imposibles, y algo más sencillas de tocar. Las hay también que hablan de tí o de parte de tu vida. A lo mejor solo lo hace en un momento puntual, un periodo de tiempo, o también puede parecer que te describe de pé a pá. Vete tú a saber.
Lo cierto es que cantar suele sanar el alma. No se bien si es porque ayuda a soltar aquello que te lastra con cuerdas que queman en las muñecas, sin querer mendigar amores- como decía Mr. Kilombo- o porque te lleva a mundos bonitos, meciéndote en sus pentagramas y blancas, negras y corcheas en clave de sol y de fa.
Siempre he visto la música como algo innato en el humano, inherente como los sentimientos y las emociones.
Y como ellos, la música a veces es imposible de parar. Te llena la garganta y sale en líneas curvas, merced al vibrato de cada uno.
Y a veces hay que cantar para sanar. O escuchar, para sentirte mejor. O apagarla solo para escucharte.
Pero lo cierto y verdad es que soltar (ropa que ya no te pones, temas del pasado, objetos inservibles, rencores, responsabilidades que no son tuyas, eso que tienes en el trastero que te da pena tirar, pensamientos...) siempre ayuda a caminar más ligero. 

miércoles, 1 de febrero de 2023

Fortuna de gato

¿La suerte existe? La determinación y preinscripción de los hechos en la línea vital de una persona, ¿Está anotada desde que nace un nuevo día? No lo sé, la verdad. Si la suerte se considera destino, no lo veo. Pero si es circunstancial, si de lo que rodea a la persona en un día, en un segundo, depende de mil cosas y el resultado es favorable o desfavorable; entonces la suerte es descriptiva de un suceso. Y ahí sí, qué suerte a veces más agradecida. Qué alivio pensar en lo que ha sido y no fue. Qué temor encapsulado entre puntos, moratones y quemaduras, y qué miedo estar a merced de segundos o centímetros de ser o ya no ser nunca más, si no recuerdo quizás.
Y cuando paras, echas la vista atrás y te notas temblar las piernas y una congoja se te agarra a la campanilla como mono a platanero, ahí notas que te han quitado tiempo de vida, pero a la vez, te la han dado.

Suerte. Bendita suerte, gato. No gastes más vidas, que te quiero a mi lado.


sábado, 17 de diciembre de 2022

Recuerdos de Navidad.

Cuando era pequeña, la nochebuena en mi casa empezaba a ritmo de villancicos tradicionales en cinta de cassette y el vinilo de la familia Montoya. 
Me veo con el disco que atesoro ahora en casa, escrutando los rostros conocidos que esa familia utrerana mostraba al mundo en una foto en blanco y negro en la contraportada. En la portada, Enrique padre, Enrique hijo y Tate Montoya.

Recuerdo correr a contestar al porterillo sabiendo que mis abuelos contestarían al otro lado, volver a toda prisa al salón para aumentar el volumen (a modo de bienvenida) y volver a la puerta para darle un beso y un abrazo y cogerle los abrigos. Cómo esperaba esos abrazos... Cómo me gustaba el olor que desprendía mi abuela en los tiempos en los que el visón no estaba tan mal visto. En sus brazos me perdía oliendo su perfume que, aún hoy, parece traer a veces de una bocanada el aire. Cuando eso pasa, sonrío grande, porque es como si estuviera aquí. Y siempre, un pasito por detrás estaba mi abuelo, siempre en su sitio, alto, elegante, comedido, encorbatado y con una media sonrisita.

Mucha gente dice que las navidades son tristes por aquellos que ya no están. Pero a mí me parece que es una época perfecta precisamente para recordarlos. Con nostalgia, sí, pero para mí era (y sigue siendo) una época muy feliz, y nada tenía que ver con juguetes, sino con la familia, con las luces, los cantos, la alegría y con amabilidad... Porque todo el mundo parece volverse más amable. Y eso es precisamente lo que le hace falta al mundo, y no solo un mes al año.

Sigo esperando el día 24 con ilusión. Sigo queriendo despertarme el 25 con la esperanza de vivir un día de fiesta, el 31 me encanta llegar a las uvas y ver en cuantos bocados se come mi hermano las 12 uvas, mucho menos que 12, obviamente. Me chifla ver el concierto de año nuevo en Viena, esperar la Marcha Radetzky- por muy hortera que parezcan las palmas- y estoy deseando que llegue la cabalgata para agacharme a coger caramelos y ver las carrozas nuevas que la asociación de Reyes Magos de Utrera ha preparado con mimo.
No he perdido esa ilusión. Y ojalá nunca, nunca, la pierda.

Felices fiestas a todos.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Tempus fugit. Un año de amor.

Hace un año llegaste a mi vida. Me gusta pensar que hace más, la verdad, por que ya te sentía revolverte dentro de mi como ahora cuando quieres que te deje en el suelo para gatear. Pero la fecha de tu DNI (que sí, que ya tienes a pesar de la fotografía horrorosa que te sacaron) pone 5 de noviembre. Soy una madre que ve a su hijo guapo y maravilloso, pero la foto del carnet no es tu mejor foto, mi vida... Eso sí, salvando ese detalle de sentirte conmigo mucho antes y de que saliste berreando por aquel aro de fuego antes de lo que se esperaba, literalmente naciste a las 7 y tres minutos de la mañana hace hoy justo un año, con kilo seiscientos treinta, cuarenta y tres centímetros y una naranja guachi de cabecita (veintinueve centímetros de perímetro craneal)
¡Feliz cumpleaños también por aquí! 
La verdad, la garganta ahoga las palabras. Ni si quiera escribiendo soy capaz de contener lágrimas y plasmar lo que siento. Porque escribo esto mientras te acuno en mis brazos, y desearía parar el tiempo y tenerte tan pequeñito y cerca siempre que pueda oler tu respiración... Esa mezcla láctea y de pan con tomate del desayuno, con gotitas de colonia de bebé. Lo huelo, lo vuelvo a oler y quiero guardarlo para siempre en la memoria, porque todos me dicen que se olvida, y eso me da rabia. Casi te absorbo de tanto olerte, no creas que exagero. 

Mi bebé, mi niño, mi amor más incondicional, mi torbellino de colores con pies descalzos. Mis ojos verdes hoy, grises mañana, color de la dulce miel. 
Sigo sin poder expresar el amor tan animal que provocas en mí, tan creciente en cada paso, tan irracional que a veces me da miedo que mi felicidad sea tan dependiente de tu felicidad. Y es que yo antes era una, sola, absoluta, rodeada de gente, con mis dudas resueltas y sin resolver, y ahora, desde ese día 5, la única certeza que tengo es que nunca más seré individua independiente... Porque mis ojos ven a traves de los tuyos, mi alegría va contigo y mi corazón ya siempre latirá en un pecho que no es el mío. Te quiero, Alejandro. 

Feliz vida, mi pequeño colibrí.